Home

Once tipos de celeste y blanco mirando desde el mejor lugar del estadio cómo otros once tipos de amarillo jugaban a la pelota y se divertían igual que chicos. Once fantasmas con grilletes atados a sus tobillos y la espalda encorvada deambulando como errantes por el campo de juego, unidos en una oración en la que pedían a quien fuera que los relojes marcharan más rápido, que el tiempo pasara y que todo terminara de una vez por todas, porque hasta para los fantasmas, la agonía es penosa y no hay modo de llevarla adelante siquiera con una pizca de dignidad, sobre todo cuando se está muriendo por nada, cuando se han exiliado los sueños, cuando la verdad pasa tan lejos de los hechos y cuando la realidad se revela de golpe como un gran escenario de cartón mal pintado que no merece ni telarañas en los rincones.
Once síntomas del país que debemos resucitar daban pena en el verde húmedo del Mineirao de Brasil anoche. Síntomas de un país gravemente enfermo que en una de esas, en lugar de intentar una resucitación, deberíamos dejar morir para que otro nuevo tenga posibilidades de ser sin que detrás quede ni un átomo de nostalgia por lo que fue. No sé si después de la resucitación, además, van a haber secuelas graves e irreparables que encima van transformar a este país, estragado por la mala vida y la falta de cuidados, en un cuerpo prisionero de la discapacidad. No lo tengo muy claro si dejar morir este país, así como está, puede ser interpretado como eutanasia, peor debemos hacer algo y se me ocurre eso, no seguir ensañándonos con este pobre paciente, acribillándolo de medidas de emergencia y de salvataje que le dan gotas de tiempo y nada más, sin que precisamente quede tiempo para detenerse a pensar un instante cuál será la manera de curarlo, si es que eso aún es posible. Ensañamiento terapéutico le dicen y está muy ligado a la famosa omnipotencia de los médicos que interpretan a la muerte como un fracaso, como una derrota personal, sin ponerse a pensar que la muerte es justamente el único hecho que todos sabemos que sucederá y del que nadie puede presumir que saldrá librado de él, haga lo que haga, mucho más ahora, en estos tiempos en los que hasta parece que el diablo ha desistido de comprar almas porque muchos se las entregan gratis por un gajo de poder, por unas pilas de monedas o por sus inolvidable minutos de fama.
Sé perfectamente que yo no soy uno de los que va a ver esos cambios si es que acaso algún día llegan a producirse, por nuestra intervención o a pesar de ella. Algo hay que hacer para que no se repita esa procesión de zombies que encima se dan el lujo de transmitirnos su amargura, su bronca, su impotencia, a la vez su fe de que las cosas van a mejorar y que todo depende de ellos. Me quedo más tranquilo, pensé, desvelado esta madrugada. Si depende de ellos, estamos salvados, clasificamos para el mundial, hacemos bien los trámites, ganamos los siete partidos por paseo y nos traemos la copa. Pan comido, pareciera, pero no me cierra cómo si es tan sencillo lo que se debería hacer, no se hace y listo. Menos me cierra que cualquiera de estos once tiene más derecho a fallar que el resto de los que trabajamos lo mejor que podemos todos los días, pagamos impuesto a las ganancias, IVA, servicios y seguimos tocando el violín en la cubierta de este monumental Titanic que todavía parece que no se enteró que un iceberg le tatuó la fecha de vencimiento en plena quilla y que es sólo cuestión de tiempo que se vaya a pique.
Vamos a hacer esta cosa o la otra, la semana que viene tenemos revancha. Me suenan igual que los políticos en campaña que se reservan los mejores logros, los que les dan la gloria y el bronce, sólo para después de que son declarados triunfadores. Entre tanto, que pase lo que tenga que pasar porque yo, candidato de mi partido, no voy a compartir con el que gobierna el repertorio de soluciones que llevo en mi portafolio con combinación, celosamente guardado y a salvo de miradas indiscretas que pretenden copiarse. Tal vez esta sea una de las razones de peso que explican por qué nuestra historia tiene tantos años de transición y de coyuntura, por qué la contingencia se repita año a año, en la misma fecha y dura el mismo tiempo, con lo que se supone que debería dejar de llamarse contingencia para rebautizarse como hecho previsible e incluso inexorable, como fue no sólo el resultado, sino todo el partido de ayer que según estos profesionales de elite, se “rompió” cuando ellos nos hicieron un gol, casi como un boxeador con mandíbula de cristal que se va de trompa a la lona por tiempo indeterminado apenas le embocan la primera piña.
Once topos que nos deben explicaciones dieron pena ayer, mientras bailaban al ritmo de los once de enfrente que ya se habían olvidado de ese siete a uno que les metieron los alemanes en este mismo estadio, pero en 2014. Ayer, nos pintaron la cara a nosotros porque ellos sí que fueron capaces de refundarse, fueron capaz de depurar el equipo, de tomar decisiones, de dejar de honrar estatuas de migas de pan que ya dejaron hace rato de ser adorables. Ellos fueron capaces de entender que el fútbol también muestra cómo se las ingenia para superar los escollos un país. Dirán que en mínima medida y supongo que es cierto porque hay países que juegan peor que yo y en el resto de las cosas les va mil veces mejor, pero nosotros, ni eso. Hasta en el deporte (o negocio) más popular fronteras adentro, mostramos la hilacha, damos a entender que no estamos en condiciones de armar un equipo y hemos de conformarnos con once egoístas que entran a la cancha a ver cómo quedan mejor con la tribuna y mantienen el puestito, usando casi la misma estrategia que los peores empleados públicos, atados a un cargo y por si acaso, atornillados a la silla. Once muñecos de trapo, descosidos y sin gracia, es lo que mandamos a Brasil a que plantaran nuestra bandera, recuperaran el honor perdido, vengaran la derrota de la Copa América de no sé qué año y de paso nos pusieran un cachito más cerca del Mundial de Rusia 2018. Misión imposible, tanto que como la cinta, se destruyeron en diez segundos y encima se comieron nada más que tres sólo porque a pedido de Neymar y por piedad a sus compañeros del Barcelona, decidieron hacernos precio.

once

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s