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Hay cosas que recurren y a veces no se puede evitar pensar una y otra vez en ellas. Tal vez un modo apropiado de “exorcizar” esas ideas que nos vuelven rumiantes sea abrir las ventanas de la mente y dejarlas salir para que se mezclen con el aire y tomen otro vuelo, ofrezcan al que mira nuevas facetas y puedan ser analizadas sin prejuicios y sin que el regreso a ellas provoque angustia o tensión. Tal vez y como para asegurarse que van a salir por la ventana con el abrigo suficiente como para soportar la intemperie, lo mejor es vestirlas de preguntas, hacer que en cierto modo funcionen como mensajes en una botella porque así inexorablemente y con el tiempo, encontrarán alguien que las responda o que al menos ayude a hacerlo. Esa forma de construir la esperanza calma y trae algo de seguridad que siempre hace bien, más aún cuando por nuestra profesión estamos acostumbrados a lidiar con la incertidumbre y siendo honestos, no es frecuente sino más bien raro que de esa pelea salgamos victoriosos y suele suceder que con un empate técnico o incluso con no perder por paliza nos contentamos.
La pelea contra la incertidumbre es de hecho una de las cosas que recurren, una de las cosas en las que no logro dejar de pensar, incluso con más frecuencia de la que considero aceptable y digo esto porque la idea de decidir a veces sin saber lo suficiente me provoca angustia. No sólo el hecho, sino pensar en él, hacerme la imagen de un visitante a una ciudad desconocida, donde la gente habla un lenguaje distinto y de pronto, con el tiempo justo para llegar puntualmente a un punto de encuentro del que dependen muchas cosas, se empaca o sólo se queda sin batería el GPS. La causa no importa tanto, pero sí el efecto. Hay que llegar al sitio pactado, no se tiene idea cuánto demanda un trayecto, como los taxis no tienen los mismos colores que los de nuestro país, no alcanzamos a reconocerlos aunque pasen al lado nuestro. Los nombres de las calles tienen poco o ningún significado porque con ese dato conseguimos orientarnos. El reloj corre a la misma velocidad que en cualquier lugar del mundo y llega un punto en que no podemos ya darnos el lujo de demorar más la decisión. Recordamos que el sitio queda al este de la ciudad, miramos el sol y ayuda porque ya cae la tarde y sabemos que hay que ir en la dirección opuesta. Un dato, una decisión, un riesgo.
Cuando se dice que los médicos convivimos todo el día con la vida y la muerte, podemos afirmar por experiencia (los que la tenemos) que afortunadamente eso no es cierto. Con lo que los médicos (y todos los profesionales de la salud) convivimos sí día a día es con la incertidumbre, cosa complicada porque nuestro camino en la práctica está plagado de encrucijadas, laberintos y callejones sin salida. La incertidumbre. Ese animal salvaje que tanto cuesta domar, ese adversario lleno de sorpresas que siempre juega limpio porque ha aprendido a lo largo de la historia que hacerse amigo de las trampas pude resultar conveniente, sobre todo si la partida es contra un ser frágil y falible que pone su vulnerabilidad en juego frente a cada frustración. Es importante entender que la incertidumbre convivirá con nosotros y tratará de coagular, entorpecer o simplemente torcer el curso de muchas de nuestras decisiones y esa circunstancia inevitable es una de las razones con más peso por las que nuestro trayecto en la profesión se hace tan complicado a veces. No es la única razón, es cierto, pero su influencia es definitiva. Estamos diseñados para no saber porque tenemos límites, pero parece que la parte donde aceptamos esa restricción no parece funcionar tan bien, de tal suerte que nos cuesta a algunos más, a algunos menos, ese destino de conocimiento incompleto a la hora de decidir. En esta instancia es tan importante que los jóvenes, los que tienen menos historia recorrida que a recorrer, estén acompañados y sobre todo, se sientan acompañados por los que de algún modo aprendimos a no tomar la incertidumbre como un enemigo monstruoso, sino como un conviviente inevitable contra el cual se puede dar batalla, al cual se le puede disminuir el tamaño hasta hacerlo manejable, pero jamás se logrará que desaparezca.
La experiencia permite transformar la incertidumbre en un aliado, en cuanto es útil para recordarnos sobre todo que la omnipotencia no es un camino que pueda conducirnos a nada positivo. La incertidumbre como aliada obligatoriamente nos dirige a la sensatez o el reino de lo debido y no sólo de lo posible que a veces tanto daño produce, sobre todo a los pacientes. Si bien todo indica que no es bueno temerle a la incertidumbre porque sería tan inconducente como temerle a la muerte, lo cierto que ambos miedos son parte de nuestra naturaleza y más que erradicarlos, conviene aprovecharlos en toda su potencialidad, procurando de manera permanente el conocimiento y como diría Eladia Blázquez, “honrando la vida” a cada instante. No sólo la propia, sino la del prójimo que cree que su vida, bien preciado si los hay, está en buenas manos y por el momento, al menos hasta que pase la tormenta, allí debe quedarse porque le dimos la impresión de que somos buen refugio para resguardarse del dolor. Somos los indicados para ser los guías de ese cuerpo averiado y de esa alma llena de angustia en su camino de vuelta a casa. Digo yo: ¿Hay muchas misiones en la vida más gratificantes que esa? Es cierto que habrá veces que el regreso no es posible, habrá quienes se queden en el camino, habrá otros que se perderán en su búsqueda de otros navegantes, pero el sólo hecho de ser el piloto alguna vez en la vida, le da sentido a tanto texto, tanta noche en vela, tanta renuncia, sobre todo en los inicios del camino, tanto aprendizaje doloroso y hasta humillante.
Somos médicos. La sociedad nos está reclamando un mensaje, nos está pidiendo del mejor modo que estemos a la altura de lo que ella espera de nosotros y que demostremos ser quienes merecen la confianza. No sé. No tengo claro ni puedo entender qué estamos esperando para que ese mensaje salga y llegue a quienes tiene que llegar, así, de ese modo, empezamos una reconstrucción que ya no puede esperar más.

incertidumbre

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