Home

Bajo un par de cambios, pongo la luz de giro y me estaciono en la banquina, lo más lejos posible de la ruta, como aconsejan las normas de tránsito. Necesito pensar y de paso dejar de lado el vértigo este de andar todo el día a mil. La mitad del tiempo tratando de materializar ideas para mejorar el ambiente de trabajo y la otra mitad despotricando a los dioses del Olimpo porque se me da por creer que ellos y sólo ellos tienen la culpa de que se le dé tan poca bola a los intentos de cambio que se generan desde diferentes puntos del hospital. Parece que la conducción institucional es absolutamente fiel a uno de los clásicos de la cultura norteamericana que es “Si funciona, no lo arregles”, aseveración que en esencia es válida, siempre y cuando se cumpla el primer término de la misma. El problema es que en nuestro medio, la definición de “funcionar” es más bien difusa, inespecífica y amplia. Tan amplia que dentro de ella cabe casi todo.
Por otra parte, sería importante sacar la cabeza del huevo en que a veces da la impresión que habitamos y mirar alrededor. Darle un vistazo al contexto y analizar lo que ofrece a los ojos del observador atento que puede alcanzar a percibir, pese a la niebla intencionada que nubla la vista, una sociedad que se comporta en líneas generales como cliente de Mercado de pulgas porque lentamente va aprendiendo a asumir que no todo lo que lleva el logo de primera marca, en efecto es primera marca, que una cosa que de lejos parece de primera, no resiste el acercamiento porque ahí se nota que en realidad es de segunda … y con suerte. País donde lo trucho gana terreno sin pausa, lo que en sí mismo es más grave de lo que parece porque además de estar fomentando piratas y falsificadores, se persiste en mantener las apariencias, reemplazando el Nike (o lo que sea) por un “casi-Nike”. Todo para no perder el loguito.
En salud, por hablar de lo que uno más conoce, está ocurriendo más o menos lo mismo desde hace ya demasiado tiempo como para seguir sosteniendo que se trata de una crisis. Cuando una crisis vuelve crónica, deja de ser crisis por definición y se transforma en estado de cosas o realidad, como quieran llamarlo. Hecha la salvedad, la fantasía o el pensamiento mágico que rodea la lectura de nuestro sistema de salud no conocen límites. Partamos de la base de que se sigue pensando que la educación superior mantiene los niveles de excelencia y le entrega a la sociedad profesionales de la salud formados de acuerdo a las necesidades y las demandas actuales, con competencias en pleno desarrollo, con valores arraigados, misión clara y una visión de su propio futuro lo suficientemente ambiciosa y relevante como para que valga la pena trabajar en ella. Si a ese estado de cosas o realidad, como quieran llamarlo, se añade el hecho de que las residencias, el mejor sistema de formación profesional sistemática de postgrado, se han contagiado en esta tendencia a poner la vara de medida cada vez más cerca del piso y con ello a exigir menos, tal vez porque lo que se les retribuirá a cambio también va a ser muy poco.
Sea como sea, a una educación superior cada vez más cerca de la ruina, a un sistema de residencias médicas que se aleja a toda marcha de la realidad y de las necesidades de la población la que los profesionales han de deberse, se le suma la sobreoferta de capacitación enlatada que ha llegado al punto de que en la red, buscando con la suficiente paciencia, se ofrecen exámenes aprobados con diferentes puntajes y suponiendo que eso sea un delirio mío. Hoy por hoy. Sumar 400 horas académicas (una banda, dirían los chicos), requiere sólo el pago de doce cuotas y ni siquiera se necesita leer el material, sino que basta con copiar el resultado de un compañero y listo el pollo. Ahora bien. Si al alumno le quedan algunos saldos y retazos de ética y un sentido embrionario de responsabilidad, procurará ir leyendo los fascículos en función de las preguntas, teniendo en cuenta que la mayor parte de las respuestas están señaladas con negrita y que cada fascículo incluye las respuestas a 25 preguntas respetando un orden correlativo (al menos esto sucede en el programa de medicina interna o PROAMI), de tal suerte que el fascículo 1 incluye las respuestas a las preguntas 1 a la 25, el 2 abarca de la 26 a la 50 y así sucesivamente y en la formulación de cada una de las preguntas hay como una especie de “GPS textual” que nos orientará mejor hacia qué parte del texto contiene la respuesta que buscamos que además ofrece 5 alternativas. Como si este regalo ya no fuera obsceno, el examen que permite acceder a un crédito académico de 400 horas se aprueba con 60 % y se permiten tres intentos, cada uno no informa dónde metimos la pata para no repetir la historia. Parece mentira. Sólo le falta el papel brillante, la tarjetita y el moño.
Que participen de esta metodología Colegios de Médicos, Sociedades Científicas (tal vez con excepciones) y señeros personajes de la medicina no puede menos que ser sugestivo. En líneas generales se sabe que cualquiera aprueba un PROAMI y en esta instancia de desarrollo profesional, la aprobación masiva de una prueba de evaluación es un indicador negativo de calidad de la actividad porque entre otras cosas no sirve como herramienta que ayude a seleccionar quiénes son los mejores, quiénes necesitan mejorar y quiénes no están a la altura de las circunstancias y deberían pensar en buscar otros horizontes. Como sostengo desde siempre y valga la digresión: Sistema que no se depura, se auto-intoxica y se degrada hasta morir. El sistema de salud, al menos en mi provincia, no se depura y punto. Me encantaría equivocarme, pero tengo toda la impresión de que algo que empezó como un programa bien intencionado de actualización médica, se ha ido desvirtuando con el tiempo y ha pasado a ser un modo relativamente sencillo de adquirir horas académicas a un precio razonable que colabora al enriquecimiento de una editorial que se posiciona día a día con más fuerza en el mercado. Quiénes son los otros que se benefician, que lo averigüe quien debe hacerlo.
Otro asunto a tener en cuenta es la sobreoferta de postgrados que, como es previsible, atenta contra la calidad porque es imposible sostener una educación de excelencia a ese nivel con tanta boca de expendio. Dicho en lenguaje de barrio: Faltan heladeros para atender tantas heladerías, lo que conduce a que el producto se derrita, pierda consistencia, se degrade y al final tenga que ser tirado a la basura. Sin ir más lejos, se propone un postgrado con una reunión mensual en la que un docente, en general anémico y con menos entusiasmo que Garfield para moverse, se coloca al frente a un auditorio para llevar a cabo la tarea extrema de leer con voz monocorde tipo misa el latín, un Power-Point™ escrito en letra pequeña, tipo inadecuado, color gris sobre un fondo gris más claro mientras la audiencia, ávida de llegar a diploma, despliega una suerte de danza ritual levantándose de las butacas por turno, entrando y saliendo del salón, al compás de las melodías electrónicas y prefabricadas de sus celulares. Lo llamativo es que el postgrado tiene el aval de una Universidad estatal que se supone prestigiosa y de trayectoria y su tema central es la educación en salud. De nuevo: “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”.
Se me ocurre una reflexión que creo viene a cuento. Se sostiene que lo más importante de los sistemas y lo que define en gran medida su calidad es el recurso humano. No me cierra que coincida el dicho con el hecho porque la educación de grado lastimosa, las varas de evaluación están cada vez más cerca del piso, las residencias hacen agua y la sobreoferta de postgrados con calidad al menos muy discutible, son cuatro torpedos que darán de lleno bajo la línea de flotación del barco de la educación, harán hundirse la nave y con ella, la calidad de atención en salud que irá a reunirse con la que ofrece educación y desde ese momento, no lo duden, Vilcapugio y Ayohuma dejarán de ser los dos desastres argentinos.

(Continuará)

Calidad

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s