Home

– Hola. ¿Esperaste mucho?

Cerró la puerta. Una puerta como tantas otras, pero a la vez distinta porque el silencio de su movimiento daba espacio para recordar que a partir de ella y hacia adentro había un mundo por descubrir, al mismo tiempo que mantenía presente que hacia afuera se desplegaba ese mundo de siempre, el que teóricamente vale y existe por sólido y palpable. Un hecho a prueba de cualquier intento de fe. Un mundo que al que la mayoría, por no decir todos, se aferran y sostienen como propio, que funciona igual que un entramado donde se puede ser sin correr más peligro que el razonable, que ha ido cambiando con la velocidad exasperante de la historia que lo enmarca. Es cierto que ese mismo mundo en apariencia estático y seguro, puede sorprender de tanto en tanto con uno que otro movimiento inesperado que no pasa de un sacudón, pero a pesar de todo sigue siendo conocido y los que lo transitan, pueden percibir sus aristas más hermosas y las más abominables. De esa puerta para afuera, como siempre, persisten en su convivencia diaria y para nada armónica, la belleza y la miseria, ambas imprescindibles pese a todo porque la armonía absoluta o el caos sin límites nos llevarían directo a la locura en un camino de caída vertical y sin regreso. En el mundo que vive más allá de la puerta y al que llegan muchos más de los que se van, todo funciona a partir de un despiadado juego de contrastes. Los contrastes son la regla en ese mundo de afuera, el conocido, ese al que pocos se atreven a renunciar, el que desalienta la magia, el que pulveriza los sueños, el que encierra la libertad apenas puede, el que miramos a la cara día a día apenas despertamos. Del otro lado de la puerta que seguía sin cerrarse, se extiende esa zona de aguas calmas, ese mar de profundidad conocida y más o menos transitable, una vez que se le toma la mano a la marea y a las corrientes. Esa zona donde pasan tantas cosas al mismo tiempo que en definitiva, al final no sucede demasiado, sobre todo por fuera de lo que se vuelve previsible a medida que el tiempo hace su trabajo. A él, como a casi todos, le costaba decidirse a cerrar la puerta y de ese modo dejar establecido que estaba haciendo un tajo en el espacio y separaba de manera indiscutible los dos mundos y que esa herida no podría repararse jamás sin que se notara a simple vista la cicatriz. La puerta abierta daba pie a la ilusión de que el mundo era uno solo y que adentro, de esa puerta hacia adentro, lo que había era sólo un recodo del mundo, un remanso de esa vorágine arrasadora que sin que nadie pudiera impedirlo, se llevaba todo por delante, bajo ese aspecto de cotidianidad aplastante y de rutina inquebrantable. La realidad era otra. Se percibía así. Ellos dos sabían que esa puerta separaba todo en dos. El había puesto el lugar, el día y la hora y en ese momento buscaba en los ojos de ella una señal, por sutil que fuera, de que la mejor alternativa pasaba por cerrar la puerta y dejar atrás el mundo, en una suerte de salto maravilloso al vacío. La señal, como era previsible, no aparecía, la mirada iba bajando como una hoja que cae en espiral y no termina nunca de llegar al piso. El le pidió de nuevo con los ojos porque sólo había espacio para el silencio y ella siguió sin responder a lo que a esa altura del tiempo era poco menos que un ruego. Había una pausa en la historia y no había forma de que las cosas abandonaran la inmovilidad que amenazaba con ser larga. El pensó que de este lado de la puerta se hacía cada vez más sólido un mundo que merecía su oportunidad, sobre todo porque ella lo habitaba como su única ocupante. Si bastaba con eso o no. Si resistiría o no a los golpes de la realidad, a la nostalgia de la seguridad perdida, seguridad que muchas veces no pasa de ser sólo costumbre y si sería definitivo o no eran los dilemas a resolver y que como suele ocurrir en estas encrucijadas, no tenían una respuesta disponible, al menos en ese momento en que se estaba decidiendo si la puerta se cerraba o no, si había que dar el salto a lo desconocido, donde se supone que las cosas mágicas suceden o al menos, donde dicen que esas cosas mágicas están escondidas y esperan su momento para cambiar la realidad y dejarla de cabeza.

– Sí. Esperé unos minutos que me parecieron eternos ¿Por qué tardaste tanto?
– Será porque tenía que cuidar cada paso que daba para saber si era el correcto
– ¿Siempre tenés todas las respuestas?

Pensó en decirle que apenas si podía con alguna que otra pregunta que resolvía casi siempre de manera precaria, provisoria, inestable porque sabía que las cosas pocas veces son de un modo y persisten en él, así que es poca la seguridad que se puede tener en ellas. A lo sumo se puede ir combatiendo a medida que aparecen los enemigos, venciendo el miedo al mismo tiempo que se hacen presentes los fantasmas y caminando siempre y cuando haya donde pisar y con el riesgo que implica que ese camino desaparezca así como apareció y no deje la menor huella ni el más insignificante punto de referencia. El pensó, mirándola, que en una de ésas, el problema era que realidad siempre va un paso por delante de los sueños, aunque sería maravilloso que sucediera lo contrario. La realidad tiene la capacidad de amarrar cada uno de esos sueños a límites precisos y les permite un vuelo corto y controlado, pensaba. Un vuelo que tiene un punto de partida y uno de llegada, un trayecto pautado en distancia, altura y tiempo. Bajó la mirada como buscando en ella que la respuesta fuera otra, como deseando que los sueños tuvieran alguna vez más fuerza que las ligaduras, más libertad en sus viajes y menos dependencia de tiempos y espacios. Ella lo miró y en ese momento pareció que la realidad perdía presencia y las alas que hasta ahí no se notaban, empezaron a desplegarse, intactas y sombreando de blanco ese lugar, a esa hora y ese día. Después veremos qué pasa con los mundos, después veremos qué trae mañana cargado en sus espaldas, después veremos si hay o no heridas que cerrar o preguntas que responder.
Tomó el picaporte y cerró la puerta.

Inalcanzable II

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s