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Hace un tiempito, me enteré que los médicos y algunos otros profesionales (no todos, obviamente) que dependen del Ministerio de Salud Pública de Salta, recibirían un adicional en sus salarios por un ítem que si no entendí mal, se llama algo así como “prescripción y certificación médica”. Esto que comento no tiene referencia oficial alguna porque la noticia me llegó a través de los diarios locales como a todo el mundo, reforzada, eso sí con afiches de factura artesanal que se desperdigaron estratégicamente por el hospital y que como suele suceder con las comunicaciones diseñadas por improvisados, no se entendía gran cosa, por lo que siguiendo la inveterada costumbre nacional, nos manejamos con la información que fluía por los pasillos a velocidad mayor que la de la luz y que, distorsiones y teléfonos descompuestos mediante, era lo que había. Se hablaba de “triunfo gremial” (en una de ésas decían “reivindicación” que es su palabreja favorita) y por supuesto, el beneficio alcanzaba sobre todo a los médicos porque seguimos con la creencia de que los médicos son la columna vertebral del sistema de salud, cosa discutible si las hay.
No se sabe bien qué se paga con ese adicional (que tampoco es una fortuna, bueno está decirlo). Se lee entre líneas que lo que se remunera es el acto de prescribir (supongo que medicamentos) y de certificar estados de salud, al menos es lo que creí interpretar tanto de lo que decían los afiches, como de las declaraciones a los medios locales de algunos personajes del gremio de los profesionales que maneja, dicho sea de paso, un castellano “tuneado”, con construcciones que en sí mismas son un atentado contra la buena salud de la lengua, a la que en esas manos, mal pronóstico le veo.
Interesante tema se abre con la instalación de este adicional que viene a reconocer económicamente una actividad que es inherente a la profesión, tanto así que una de las cosas que se saben ya antes de entrar a la facultad, es que un médico hace recetas y certificados, de modo que no queda del todo claro por qué hay que otorgar un adicional por ello. Es como si a un árbitro de fútbol le figurase de ahora en adelante un “plus por pito” (o por silbato que quedaría como más fino). Sería fantástico asistir a huelgas de “silbato caído” o soplido a reglamento cuando hubiera alguna desinteligencia salarial o de otro tipo. Una forma original de protesta se instalaría en el escenario gremial del país. Los partidos en ese contexto no tendrían límites, no habría penales, el uso de la mano no sería penalizado y el sonido agudo del silbato brillaría por su ausencia. Ahora digo yo: El silbato es al árbitro como el hacha (o la motosierra) al leñador, la manguera al bombero, la sotana y el cuellito al cura, la 9 mm al policía y volviendo al tema que nos ocupa, tal y como la lapicera al médico. Esas son las herramientas con las que cada uno hace su trabajo.
Es cierto que además de tener las herramientas, es importante saber usarlas respetando las reglas y el protocolo de empleo, de tal suerte que el árbitro no puede hacer sonar el silbato en medio de un encarnizado Boca-River para hacerle saber su opinión sobre lo bien que le queda la calza blanca a esa señorita de la platea, los bomberos no usan sus mangueras para regar las plantas y ni los leñadores sus motosierras para emular el sicópata asesino de “La masacre de Texas” y así sucesivamente. El tema de para qué y cómo usan las lapiceras lo médicos, es harina de otro costal porque hay mucho que discutir en el asunto. Lo concreto es que un profesional de la medicina tiene la obligación de hacerse cargo de las indicaciones médicas y de confeccionar dos certificados, el de nacimiento y el de defunción, obviamente si está involucrado como médico en alguna de esas circunstancias.
Qué bueno. De hoy en adelante nos van a pagar por hace lo estamos obligados a hacer desde el momento en que elegimos esta profesión. Qué país generoso, como diría Jorge Rial. Al fin se reconoce el protagonismo del médico en estos puntos cruciales de la atención a las personas. No obstante la alegría que me invade, me es imposible por naturaleza, dejar de expresar unas cuantas dudas acerca del modo en que se va a implementar este adicional. Digo: ¿Se va a pagar por receta, por paquetes o un monto fijo? Cada modalidad tiene pro y contras. No tengo claro por cuál me decidiría yo en lo personal a la hora de ir a negociar con el Ministerio. Cobrar por receta implica la necesidad de atender mucha gente y eso conlleva el riesgo de tener que trabajar más, hecho a considerar. Se define cobro por paquete a una suma determinada para un servicio de salud que posteriormente se reparte entre los involucrados. El monto fijo no deja de ser atractivo porque haga uno lo que haga, a fin de mes aparece el ítem engrosando el salario. Creo, sin temor a equivocarme que la masa crítica de profesionales va a optar por esta última modalidad porque se tiene claro el precepto de que en Salud Pública “el que no arriesga, gana”.
Otra pregunta que me surge: ¿La calidad con la que se hacen las recetas o los certificados cuanta a la hora de que el Ministerio afloje unos manguitos extra? Sería bueno que así fuera porque entonces, se pagarían menos o incluso se descontarían del sueldo esas recetas escritas en sumerio coloquial, con las monodrogas ausentes sin aviso y desplazadas por los nombres comerciales, la indicación de envases y de formas de presentación inexistentes que ponen a más de un farmacéutico contra las cuerdas, clamando por un criptólogo de guardia para que lo auxilie y se pueda descifrar qué dice en ese papel de contenido misterioso. El tema es que además, la calidad tiene que ver con lo que se indica en relación con lo que padece la persona (pertinencia) y con la sensatez para confeccionar la receta en cuanto a que no sobre ni falte ni una molécula para que el tratamiento sea el adecuado. No ceo en el horizonte que exista una preocupación por cuidar la calidad de las prescripciones para que las tasas de errores disminuyan sus niveles alarmantes. Es como si estos aspectos de las indicaciones médicas fueran menores y existiera como un estado de confort pensando que con el título habilitante alcanza para salir por el mundo a desperdigar fármacos que por si acaso nos olvidamos, tienen tanta potencia curativa como dañina. No hay evidencias de que preocupe a los que tienen en sus manos la política de salud de la provincia que haya gente que ha adquirido siquiera los rudimentos de la práctica de la medicina. Esos ¿Cobran también el adicional por prescripción y certificación? Sería bueno saberlo lo más pronto posible. El tema es que si la respuesta es afirmativa, estamos en el horno porque se podrá concluir definitivamente que la calidad ha perdida su batalla frente a la cantidad y en una de ésas la causa sea que el veto del mejor de los mejores vale igual que del peor de los peores a la hora de pelear por cargos electivos.
Estoy convencido de que medidas como esta pertenecen a la más ordinaria y burda de las demagogias. Si tienen alguna utilidad es la de correr el foco de la discusión al terreno de la intrascendencia para que los tipos que todavía se dedican a pensar se ocupen de calentarse a punto de ebullición y despotriquen a os cuatro vientos cuando se dan con estas novedades. Se pierde tiempo con estos falsos debates porque no me parece que en la agenda figure como tema el saneamiento del sistema de salud aunque se note a la legua la paradoja de tener un sistema de salud muy enfermo, aquejado de una patología compleja con todo el aspecto de ser terminal, infiltrado de gente tóxica, de indolentes, de desaprensivos y de supuestos “comprometidos con el cambio” que se pasan el día pensando cómo hacer para que todo siga igual.

(continuará)

Hay que tener cara para pretender cobrar por esto

Hay que tener cara para pretender cobrar por cosas como ésta

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