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He tratado a lo largo de esta serie de textos de mantener la calma y que se me note lo menos posible esta mezcla entre amarga y venenosa de bronca, impotencia, sensación de derrota y por sobre todo una enorme desazón porque el horizonte que se supone debería prometer algo mejor para el día de mañana, da toda la impresión de estar clausurado hasta nuevo aviso. Qué se yo. Esta onda de ver las cosas desde el lado positivo no me sale. Es inútil. Trato, pero no consigo ver el vaso medio lleno. Eso es para gente que no ha recibido tanto torpedo debajo de la línea de flotación y no tiene el barco lleno de agujeros, con lo que no se pasa la mayor parte del tiempo tratando de repararlos para seguir a flote. Conste que no me quejo, pero me gustaría que se repartiera un poco más la cosa o que diera la sensación de que vale la pena meterle para adelante, levantarse todas las mañanas para hacer arrancar el pequeño mundo que nos compete y guardar una ilusión aunque sea muy pequeñita, de que al final del día las cosas por lo menos no van a estar peor. Son tiempos complicados para todos, pero si uno se pone a pensar, desde que el mundo es mundo y desde que un mono tomó la iniciativa porque le dieron ganas de probar las frutas más altas, las cosas de alguna manera son difíciles para todos. Lo que sucede es que antes, al burro le ponían una zanahoria delante y él, orondo y contento, iba con su trotecito desandando caminos con la idea de que en algún momento llegaría ese tarascón definitivo. Así valía la pena. Había que ganarse el premio y las reglas del juego eran claras. Hoy en día no sólo se han evaporado las reglas, sino que muchas veces los mejores premios no se los llevan los que juegan y menos aún los que se juegan y para peor, los que no llegamos en los primeros puestos nos tenemos que quedar horas extras para dejar la cancha en condiciones y limpiar el estropicio que dejan los ganadores después del festejo.
La verdad sea dicha, me estaba adaptando a este manto de pesimismo que cada vez se iba pareciendo más a una armadura. Estaba, ¿Cómo decirlo? Acostumbrándome a mi nuevo estado de entusiasmo entumecido, de embotamiento conveniente y de metamorfosis gradual que me transformaría en un típico Homo hospitalensis, variedad publicus con las características distintivas proporcionadas por el medio ambiente y se supone que alguna que otra brizna de genética como para tener una bese de sustentación. Este Homo hospitalensis publicus desarrolla una capacidad inaudita de mimetización con el ambiente y cuando las circunstancias requieren decisiones, él pasa por un elemento más del paisaje que incluso puede dejar ver la chapita con el número de inventario que lo identifica. Se dedica tiempo completo (es obvio que mientras está en el hospital) a hacer de cuenta que resuelve problemas cuando en general los crea porque el ofrecimiento de soluciones no está incluido en su cartera de servicios. Es maestro en el arte de la fuga aunque no le llegue a los tobillos al gran Houdini, pero sí supera al ilusionista en el logro del don de la ubicuidad que los creyentes sostienen es patrimonio de Dios o como quiera que se llame su “Gran Jefe” y gracias a este don, pueden estar en más de un lugar al mismo tiempo sin que en realidad se los encuentre en ninguno de ellos, salvo para el puntual cobro de sueldos u honorarios. Estaba como el tema de Pink Floyd, “Comfortably numb” (cómodamente adormecido) cuando vino el señor Ministro a patear el tablero diciendo que ““El sistema de salud no tiene falencias, lo que falta son recursos humanos y eso no es algo sobre lo que tenga incidencia el Ministerio de Salud” y así, sin anestesia, me despertó. Una vez con los ojos abiertos, tenía que ver eso. Tenía que aprovechar mis sentidos para no dejar pasar detalle porque era en cierta medida un privilegiado al que la había tocado vivir en una era en la que se habían erradicado las fallas y vaya si esa perspectiva no es capaz de despertar curiosidad y aquí estamos, en el tramo final, arremetiendo con las funciones del Ministro de Salud Pública que están en el link que subo de nuevo por si acaso alguien empieza por este post:

Funciones:

 Promover y crear condiciones adecuadas para la protección, recuperación y rehabilitación de la salud física y mental, como así también lo inherente a la conservación y mejoramiento de los factores que contribuyen a la salud integral de la población.
 Fijar pautas para la planificación de la red de establecimientos, con el objeto de constituir un sistema integral de atención de la salud.
 Conducir la coordinación de todos los subsectores de atención de la salud de la provincia, a fin de propender a una racionalización del gasto social en salud.
 Fijar pautas para la elaboración de los programas asistidos por la Nación, y evaluar sus resultados.
 Mantener una fluida comunicación y permanente participación a nivel nacional en lo que respecta al ámbito político, sanitario, técnico, y de relaciones contractuales.
 Brindar cobertura sanitaria a toda la población de la población de la provincia, a través de una estrategia de atención primaria de la salud.

Más de lo mismo. Sin comentarios. Ahora bien: La deuda que tienen pendiente con la sociedad no sólo este Ministro sino todos los anteriores, hace rato que ha caído en default técnico y no parece que haya modo de levantarla, pero lo que sí es cierto, como todas las deudas que contrae esta gente, la vamos a seguir pagando nosotros mientras ellos se reciclan de cargo en cargo, de beca en beca, de sabático en sabático y creo que eso ocurre porque “algo no habremos hecho”.

Ceguera IX

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