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No tengo claro todavía si el gobierno se desentiende de los problemas que cada uno de nosotros ve a poco de salir a la calle. No sé si los desconoce, hace como que los subestima o si adopta la postura de negar la realidad en un intento por convencerse de que lo evidente no existe y a partir de esa premisa, sería absurdo proponer políticas de estado ante lo que no existe. No tiene sentido cambiar lo que no es y punto. Es como si se hubiera llegado a la cima del refinamiento en el viejo oficio de esconder la basura bajo la alfombra. Tan mal no les ha ido ni a este gobierno ni a los anteriores porque la curiosidad de sus sucesores los ha llevado a levantar esa dichosa alfombra y una vez que la mugre queda al descubierto, hay que hacer algo urgente para que desaparezca de la vista del pueblo y es así que desaparece del horizonte, como por arte de magia y no se habla de ella hasta que los próximos incautos repitan la travesura y se inicie el ciclo de nuevo. No pasa nada. Habrá suciedad de todos los colores y todas las texturas, pero nunca es suficiente para manchar a ninguno de los que merced al poder supremo que les da haber sido elegidos por el pueblo, asumen la responsabilidad, por decirlo de algún modo, de conducir los destinos de la Nación por unos cuantos años. Ya es un hábito. Juran, se ponen la banda, empuñan el bastón de mando, dan el discurso de rigor, rico en lugares comunes y en frases vacías y después mandan a su gente de confianza a que espíe debajo de las alfombras para darse de entrada una idea del trabajo que les espera. Lo primero es lo primero y además es una forma de asegurarse que en el futuro, si cambian los vientos y la mar no es favorable, habrá disponible una bahía para echar anclas y esperar a que escampe.
La ética y la moral, de licencia sin goce de haberes, en una retirada estrepitosa que algún sinvergüenza quiso hacer aparecer como años sabático. No están y no parecen muy interesadas en volver porque el clima no es propicio para que se pongan en la tarea de cuestionar las cosas que pasan, no vaya a ser que lesionen alguno que otro interés y como dicen los chicos ahora, se pudra todo, mal. Pareciera que es mejor así, con una rudimentaria ley de la selva a la que tampoco se obedece porque la costumbre que tenemos de adoptar las leyes como sugerencias ya es inveterada. No somos capaces de entender que la luz roja de un semáforo significa que hay que detenerse y no que es preferible al menos disminuir la marcha. Ni la ley de la selva ni la del más fuerte se cumplen del todo, lo cual, mirado desde una perspectiva optimista, no deja de ser una suerte porque como van la cosas, si cada uno diera rienda suelta a la bestia que lleva dentro, andaríamos por la calle pateando cadáveres. Por ahora el ambiente no pinta para eso, pero no falta tanto como uno podría creer. Baste ver la crispación ambiente, la agresividad generalizada y la amputación de actitudes como la solidaridad, la generosidad y la cortesía, como para entender que en una de esas, el próximo 29 de abril nos van a venir a felicitar a cada uno de nosotros desde todas partes del mundo. Obviamente, sin ánimo de ofender a los animales que son por otra parte incapaces de trapisondas que pertenecen al patrimonio del ser humano común y corriente que anda por ahí, descalabrando el planeta, como si de cualquier lado se pudiera conseguir al instante, con sólo desearlo, uno de repuesto que sin duda nos ocuparíamos de hacer trizas a poco de sacarlo de la concesionaria.
Chicos sin clases y el gobierno, negocia con los docentes que pueden tener mucha razón en los reclamos que esgrimen para sustentar la necesidad de un paro, pero no menos cierto es que uno espera que gente educada, formada en aulas y con cierto sentido del bien común podría echar mano a estrategias más imaginativas de protesta porque convengamos que dentro del colectivo docente, como el de salud, el de justicia, el de educación o el de seguridad, convive una fauna más variada que la del Amazonas. Bajo el mismo cobijo, están los más feroces defensores de los derechos, a los que se les pone la piel de gallina apenas se enteran que el combo viene con deberes. Estos muchachos coexisten en inestable armonía con aquellos que piensan que la educación es cosa seria y hay que ponerle toda la energía que se tiene y más si fuera posible y entonces estudian, preparan las clases, ayudan a sus alumnos del mejor modo que conocen, los acompañan en el proceso de aprendizaje y en muchos casos, celebran con ellos la llegada al punto a partir del que otros serán quienes tomen la posta. Gremialistas de pacotilla con maestros. Difícil encontrar un modo de compatibilizarlos, tomando como base que estos sindicalistas de cartón llegan a donde llegan con el único fin de beneficiarse ellos mismos, usando y desgastando a las tan manoseadas ‘bases’ a las que engañan con toda la impunidad que es capaz de conceder un sistema a sus elementos corruptos.
No vamos por buen camino y esto no es para nada una novedad. Hemos tomado la ruta menos aconsejable que nos lleva a un callejón sin salida donde sólo queda la posibilidad de la decadencia, el deterioro de las instituciones y las personas, la miseria y la desaparición como nación protagonista. Se competente no parece negocio, progresar por derecha no ‘garpa’ y un amigo político es más valioso que uno honesto. No es cuestión tampoco de andar como francotirador despotricando contra el sistema o como se llame porque uno es de algún modo parte del sistema y es como si se disparara a sí mismo. Cambios. Necesitamos un cambio de rumbo. Proponer cambios es la respuesta, pero permítaseme recordar que una propuesta de cambio tiene: (a). Un diagnóstico de situación que incluye una autocrítica profunda, (b). Una programación que prioriza los problemas conforme a su severidad y su factibilidad de resolución, (c). Un marco claro de trabajo donde queden establecidos visión, misión, valores, deberes, derechos e incentivos, (d). Un sistema de de revisión y evaluación que permita prevenir errores, en su defecto enmendarlos sobre la marcha o si no es posible, tomar las previsiones para que no se repiten en el siguiente ciclo. (e) Reglas de juego claras que pongan en negro sobre blanco lo que le pasa al que hace lo que debe y al que no porque un sistema que no se pueda librar de los desechos tóxicos o indeseables, está condenado al fracaso, como un tubo digestivo con un nudo en el recto. Va a llegar un momento en que la mierda llega al cuello y justo ahí, todo revienta.

Cambios

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