Home

Se movió inquieto en la silla. Mi respuesta no podía esperar y como suele ocurrir cuando no se encuentra lo adecuado, le ofrecí lo que tenía disponible, con el secreto anhelo de que le resultara suficiente y el nivel de tensión al que habíamos llegado, se aflojara un poco y me diera tiempo de reacomodar mis tropas.

– Disculpe si lo ofendí. En ningún momento quise faltarle el respeto. Le ruego sepa entender que a esta hora, después de casi un día completo de guardia sin pegar un ojo, me descoloca que alguien venga y me diga con toda la seriedad del caso que es Dios. Insisto. Le pido que disimule lo que a lo sumo puede haber sido una torpeza de mi parte o falta de experiencia, si quiere tomarlo así.
– No se preocupe, doctor. Lo perdono porque hacerlo forma parte de Mi modo de ser y de hacer las cosas. Dicen por ahí que es la base de Nuestra plataforma. Perdonar sin que importe lo grande que sea la ofensa es la base operativa de Mi doctrina y este punto no se negocia. Obvio, siempre y cuando el pecador se muestre arrepentido y estoy seguro que éste es el caso.
– Me deja más tranquilo …

Me miró fijo y me sentí un blanco móvil.

– No juegue con fuego, doctor. Veo con preocupación que de nuevo se deja ver su sarcasmo, esa ironía teñida de soberbia que es tan común en los médicos que a veces se tientan y piensan que son como Yo. No se vaya a confundir, doctor. La omnipotencia no es para cualquiera y por otra parte Yo también tengo mis límites. Le sugiero que no crea que lo estoy amenazando. Simplemente y por amabilidad con usted, intento mostrarle los hechos como son.
– Entiendo, creo entender o si le voy a ser franco, no estoy seguro si entiendo. Mejor, si no le molesta y fuera tan amable de explicarme cómo es que son los hechos, me sentiría mejor.
– Con todo gusto. Es sencillo: partimos de la base de que los hechos son y suceden porque Yo dispongo, como Yo dispongo, cuando Yo dispongo y a quienes Yo dispongo por supuesto. Como comentario al margen se lo digo. Me da la impresión de que usted está bastante olvidado del Catecismo. No se asuste, mi amigo. No ponga esa cara de espanto. Ni siquiera se me pasó por la cabeza pedirle que recite listados elementales como los diez mandamientos en el orden que van porque sería perder el tiempo. Casi nadie acierta. Le confieso que la mayoría se confunde a partir del quinto (con suerte). Tampoco tengo intención de escucharlo patinar rezando el ‘Salve’ porque hasta a mí me cuesta. Qué quiere que le diga. Me parece rebuscado y un poco antiguo, pero que esto quede entre nosotros porque a las viejitas de la primera fila de las iglesias les encanta y el swecreto del éxito de cualquier emprendimiento es mantener al cliente satisfecho. Tampoco lo voy a exponer a que empiece a nombrar los pecados capitales porque le aseguro que no llega al cuarto sin trancarse. He de reconocer que me estoy dejando estar con esa lista porque algunos los debería bajar de rango y hay unos cuantos (bastantes le cuento) que deberíamos incorporar. Nada de eso. Yo sé bien quién es usted y sobre todo qué es lo que piensa, así que no vamos a perder el tiempo en exámenes que no nos van a llevar a nada. Yo no soy como ustedes los médicos (generalizo porque me sobra autoridad moral y ‘me la banco’ como dicen los chicos ahora). No soy como ustedes, los médicos, le decía que por si acaso y ‘para cubrirse’ piden tomografías, resonancias, interconsultas (hasta a Mí y a María Santísima), un laboratorio completo y cuanto estudio ande dando vueltas por el hospital, tenga sentido o no sin saber siquiera el nombre del paciente. No soy como ustedes que muchas veces si la cosa se pone medio complicada, lo derivan para otros que se hagan cargo. Me temo las consecuencias de no hacer las cosas como se debe no están todavía reglamentadas en la sección pecados y contravenciones a Mi Voluntad, pero le aseguro que vamos a trabajar duro en eso aunque veo difícil que por lo pronto tengamos alguna resolución concreta. Tengo mucha gente buscándole la vuelta, pero todo indica que la única forma de que frenen la lapicera, bajen el nivel de paranoia y recuperen la memoria para acordarse quiénes son y para qué se supone que están es que la orden baje de Arriba. A veces el verticalismo es el modo más efectivo de cortar un debate que cuando se empantana, paraliza. Le comento, doctor que mis asesores me han asegurado que acatar la línea que bajemos no sería obligar a la obediencia debida porque está claro y no se discute que Yo soy el Jefe de los buenos y que hacer el mal no figura en mi cartera de servicios. El problema es que todavía no sabemos cómo les vamos a infundir el temor a Mí. Mire. Voy a ser sincero. Ya estamos cansados de mandarles demonios, calamidades y plagas, pero está visto que este planeta metaboliza cualquier cosa, doctor ¿No le parece? Mire que ya intentamos asustar a economistas, militares, políticos, gente del la Casa (hasta cardenales, le confieso), personas comunes y nada. Siguen en la misma. Por eso no creo que con ustedes los médicos nos vaya a ir mejor si no cambiamos la estrategia. Mire, sin ir más lejos, le doy algunos ejemplos sin que pongamos en plano de igualdad las cosas, póngase a pensar nada más qué mandamos en los últimos tiempos: Hitler, el VIH, Martínez de Hoz, el dengue, la Cámpora, el llame ya, Mauro Viale y Marcelo Araujo (por definición no soy antisemita, pero me salieron los dos juntos). Acuérdese del Club de Clan, de Carlos Monzón actuando en cine, de Cristina, Néstor y su Big Band, Stamboulian tapizando de barbijos y TAMIFLU® el país en el 2009, 6-7-8, Carlos Saúl (no le nombro porque le garantizo que es mufa), Diego Maradona sin la pelota, De La Rúa, Adolfo Rodríguez Saa, Robledo Puch, los programas de chimentos, Zulma Lobato y las juntas militares. Además, con la inestimable colaboración de la naturaleza, ayudada a veces por el hombre, se programó una nutrida agenda de sequías, terremotos, inundaciones, incendios y tornados. Todo para nada. En el medio, hubo dos atentados horribles y ustedes ni se dieron por aludidos. Han superado nuestro poder de fuego en lo que a mandar castigo se refiere. Es como que estamos a punto de rendirnos …
– Disculpe que lo interrumpa …
– … Dios …
– … eso … Dios ¿Es que la culpa de todo es de los médicos?
– Para nada, doctor, pero convengamos que ponen su granito de arena y hoy Mi ira los alcanza a ustedes porque va rotando, le cuento. Son bastante insistentes en eso de tropezar dos veces con la misma piedra, pecar de soberbia por creerse omnipotentes (le repito que de esa especie hay Uno Solo) y tirar al cesto de papeles algunas enseñanzas valiosas …
– ¿Cuáles, por favor?
– ‘Lo que hagas al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo habrás hecho’ que es una variante menos apasionada de ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. Con esa como ejemplo, creo que basta aunque se me ocurre que usaron para envolver el pescado algunos preceptos valiosos de gente que trabajó para mí hace algún tiempo y que eran específicamente pensados para ustedes, los médicos. Tal vez no se practican con la convicción que deberían porque se las conservó en latín. ‘Primum non nocere’ es una que se me viene a la cabeza por conocida. No sé si le suena, doctor y otra en español, su lengua madre, si prefiere: ‘No hay enfermedades, sino enfermos’
– Claro que me suenan. Le juro …
– ¿Por quién?
– … le juro por mis hijos
– Casi cae en la trampa, doctor, veo que sigue teniendo reflejos rápidos
– Verdad … casi caigo. Le juro por mis hijos que trato todos los días de mantener esas enseñanzas y …
– … se da de cabeza contra la pared para que prendan en algunos, cosa que le está costando bastante, si no me equivoco. Lo sé, doctor, tengo bien claro que usted trata de mantener vigente ese precepto ¿Por qué cree que estoy aquí? Es porque lo conozco y sé que hace honor a su profesión y todavía cree que ayudar a la gente es ser mejor. Es sabido que los buenos samaritanos son una especie en extinción, pero algunos desperdigados por el mundo quedan y todo indica que usted es uno de ellos. Un espécimen raro que conviene preservar de la corrosión y la decadencia. Es cierto que de vez en cuando hace falta zamarrearlo un poco para que reaccione y se ponga en marcha, pero aparte de eso, sus virtudes están en bastante buen estado, créame.
– ¿Le parece? ¿Está seguro? … digo
– Vamos, mi querido doctor. Recuerde con quién está hablando.
– Disculpe …
– Disculpas aceptadas. Ustedes los seres humanos son así. Se lo garantizo porque Yo los creé. No sabe, se lo digo en confianza, los dolores de cabeza que me dio el proceso de diseño, pero reconozca que tan mal no me salieron y hay cosas geniales como usar pliegues y más pliegues para hacer caber todo en un espacio tan reducido. Lo hice en el cerebro en el tubo digestivo y en el aparato respiratorio. Modestia aparte, con esa solución me pasé. No me voy a detener para hablar del ojo o del corazón. Máquinas fenomenales, económicas, seguras, precisas y adaptables a las necesidades. Pareciera que le estoy vendiendo electrodomésticos. Los ojos, el corazón y el resto de las instalaciones quedarán para otra charla que seguro será dentro de poco ¿Le parece?
– Como Usted diga
– Aprende rápido, doctor. Evidentemente elegí bien con quien conversar estos temas que espero haya entendido en toda su dimensión y haya tomado nota de la importancia que tienen.
– Por supuesto. Entendí perfectamente.
– Entonces, será hasta la próxima. En cualquier momento me hago una escapada y charlamos de nuevo.
– Lo espero cuando quiera
– Otra cosa, doctor
– ¿Qué?
– Felices Pascuas

Divino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s