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(I)

Relato atenuado a partir de una historia real

Mañana. Volvé mañana a primera hora a hacerte los análisis. No querrás que te anote la fecha en un papelito porque a los papelitos tampoco los leés. Si sabés bien por qué te lo digo. Ya tendrías que tener los resultados. No sé para qué me hago mala sangre si es inútil. Es lo mismo que hablar con las paredes. No les importa lo que una les diga y mirá que te lo repetí no sé cuántas veces. Andá al Centro de salud para que te hagan los análisis de control. Te toca. Ya estás casi de dos meses y no tengo la menor idea de lo que puede estar pasando con vos, pero guarda que el chico salga mal porque la culpa entonces de quién va a ser. De la doctora que no me lo sacó a tiempo, de la doctora que no se dio cuenta que el embarazo venía complicado, de la doctora que le tomaba la presión y decía que todo estaba bien. Que se fuera tranquila, pero nunca le decía cuánto tenía de presión. De la doctora que le insistía en que comiera con poca sal y que hiciera reposo y no quiso darle vitaminas. No hay nada que hacer. Somos los siervos de esta gente que se cree que el hospital está hechjo para que vengan cuando se les canta, a la hora que se les canta y encima exigiendo que nosotros estemos siempre a disposición de ellos. Decí en recepción que digo yo que te carguen un turno para el viernes y acordate de venir mañana. Sí, mañana ¿Sos tonta vos? Bien temprano con la primera orina de la mañana y te van a sanar sangre. No. No va a ser mucha. No te asustés. A esta altura de mi vida tener que explicarles a estos como si fueran chicos. A quién le importa si total la que pierde el tiempo, se tiene que cargar la agenda de turnos forzados y termina destruida todos los días soy yo, pero a eso nadie te lo reconoce en este hospital. Aquí, el que se parte el lomo laburando y el que se rasca a cuatro manos la pasan igual. La verdad, la pasa mejor el que se rasca porque entre otras cosas no le están golpeando cada dos minutos la puerta del consultorio. No saben leer, eso es lo que pasa. El cartel dice clarito ‘No golpee y espere a ser atendido’. Ellos igual golpean. ¿Vos qué hacés aquí? ¿No te dije que vegas mañana a hacerte los análisis? Sí. Me parece que vos sos medio tonta. ¿Cómo es eso que no estás embarazada? Aquí dice Vilte, Margarita, control de embarazo ¿Ahora me salís con que sos Vilte, pero Fabiana? Y recién me lo venís a decir ahora que tuve que hacer milagros para que te dieran los turnos. No. No hay caso. No les importa que uno deje la vida en el hospital por ellos y encima el sueldito que nos pagan. ¿No sabés hablar vos? Fabiana pudo haberle dicho que sí sabía, pero que ella, la doctora no la dejó. Podría haberle dicho que ni la saludó cuando entró al consultorio porque estaba mirando la pantalla de la computadora. Podría haberle dicho todo eso, pero se quedó callada como casi todos los que llegan al hospital. No son de hacer enojar a los doctores que están tan ocupados. Los doctores saben cómo hacer las cosas y hay que hacerles caso.

(II)

Al que le quede el sayo que se lo ponga

Quite de colaboración por tiempo indeterminado. Nos movilizamos a la plaza a las diez de la mañana. Todos los compañeros profesionales tenemos que mostrarle a la gente que defendemos el hospital público y no oponemos a los sueldos de hambre y advertimos sobre la sobrecarga de trabajo a la que estamos sometidos. En la capital y en el interior faltan profesionales, faltan insumos y los edificios se caen a pedazos. El pueblo. Los humildes, no se merecen que un gobierno los desampare de esa manera y por eso, además, acompañamos la lucha de los compañeros docentes por salarios dignos y la restitución de la copa de leche en las escuelas secundarias. Salvaje. Le podrán llamar quite de colaboración, pero es lo mismo que decirle ‘pueblos originarios’ a los indios porque se los trata igual o peor ahora que tienen nombre pomposo que antes. Sea como sea, fue salvaje porque nadie sabía y la gente estaba agolpada en el hall central del hospital esperando que alguien saliera a dar explicaciones a algo que no las tiene porque se supone o debería suponerse que un cuerpo profesional se porta como tal y no se descuelga con medidas más dignas de una barra brava a la que le sacan el negocio de las entradas o el estacionamiento de la noche a la mañana y no lo compensan con nada. Paradoja de los tiempos modernos que me sigue haciendo ruido cada vez que se hace patente: Los defensores del hospital público no van al hospital ¿Desde dónde lo defienden? ¿Dónde se ha visto que los soldados resguardaran en fuerte del ataque de los apaches mudándose a otra comarca donde los vientos eran más apacibles? El marcador central de un equipo de fútbol defiende un par de metros delante del área o sea dentro de la cancha. No se va a los vestuarios apenas ve que los delanteros contrarios se vienen como una horda olfateando carne de arquero para comérselo crudo. De todos modos, a quién le importa lo que uno pueda pensar si no está metido en política. El que no está metido en política no sabe cómo funciona el sistema y jamás termina de entender por qué es mejor poner ineficientes, corruptos, deshonestos, ociosos históricos, pero amigos del poder de turno que confiar la conducción de los hospitales y de los centros de salud a los que saben cómo hacer las cosas aunque con el poder de turno no estén precisamente de luna de miel, ni lo estarán nunca con ningún poder de turno. Nada personal. Sólo una simple cuestión de convicciones. El que no está en la política no puede mirar las cosas con visión panorámica o estratégica como se le suele decir ahora a la planificación de despropósitos que tienen un único resultado posible que es el deterioro por corrosión de la salud pública, proceso que será seguramente imitado con todo éxito por la educación, la seguridad y la justicia. A no preocuparse que siguen los postulantes que están dispuestos a anotarse en el derrumbe a corto plazo. La política es así. Uno más uno vaya a saber cuánto es y los enemigos de hoy, serán los aliados de mañana (y viceversa). A no angustiarse que estamos en buenas manos. Nos conduce gente que viaja de salta a Jujuy vía Buenos Aires (en todo sentido) y prefiere los caminos sinuosos con señales ambiguas que los senderos más seguros por los cuales lo más posible es llegar a destino sanos y salvos. Que el Gerente de tal Hospital de pena (por no decir asco en algunos casos) no parece tener importancia. Que los profesionales no revaliden sus competencias cada dos años es un detalle menor. Que el sistema no tenga capacidad de depurarse y persistan en él algunos que no están en condiciones de transportar una chata, es algo banal que no merece la atención de los niveles gerenciales más altos y menos aún del Ministro que está ocupado en vaya uno a saber qué. Que os residentes ingresen en el sistema con una cáscara de soberbia y una actitud adolescente no parece inquietar a nadie. Ni siquiera veo que se pongan nerviosos ante la posibilidad de que este tipo de médicos atienda a sus hijos o nietos el día de mañana. Que aquellos que se quejan a viva voz de sus sueldos de hambre trabajen con suerte la mitad de horas por las que efectivamente se les paga, no parece ser tema aunque si uno lo piensa bien, es como que ganan más del doble de lo que dicen. Nada de eso importa. Ni el Ministro y sus Secretarios de Estado ya ni siquiera hacen de cuenta que les preocupa la situación. El Titanic se hunde y la respuesta es quite de colaboración por tiempo indeterminado. Por lo menos, esos músicos del barco que no podían hacer nada por mantenerlo a flote, se hundieron con sacando las mejores melodías de sus instrumentos. Como hacen los valientes, especie en extinción en nuestro sistema de salud moribundo donde vale más mirar para otro lado que de frente y donde maquillar la incompetencia y darle a todo el título de error, da mejores resultados que tomar el problema de la raíz, arrancarlo de la tierra y empezar a sembrar de nuevo.

(III)

 Criaturitas de Dios

Aquí no tenemos el mismo instrumental que en el sanatorio. Vamos a hacer lo que podamos, pero no le garantizamos nada. Usted sabrá lo que tiene que hacer. Por si acaso, le dejo mi número de celular para que cualquier cosa me llame. No importa la hora, pero sería preferible que se decida cuanto antes porque la cirugía es más o menos urgente. Usted la ve cómo está, dolorida, molesta, hace más de dos días que no prueba bocado. No queremos presionarlo, pero su obra social le cubre casi todos los costos y sabemos que la vida de su esposa para usted no tiene precio. Bueno, amigo. Apenas se decida, me llama y ojalá que si la operamos aquí, ese día, por cualquier cosa, uno nunca sabe, haya cama disponible en la terapia. Hasta luego, amigo. Encima el pobre hombre le tuvo que decir gracias al cirujano que ya marcaba el número de su sanatorio para reservar turno en el quirófano para el otro día a primera hora. Total, se hacía una escapada y en una hora, hora y media ya estaba de vuelta. Dios lo bendiga, Doctor. le va a hacer falta si se le llega a despertar la conciencia y se le ocurre atraparlo.

¿Qué será 'paro indefinido'? ¿Será un 'casi paro'? ¿Será un 'te hago creer que paro'?

¿Qué será ‘paro indefinido’? ¿Será un ‘casi paro’? ¿Será un ‘te hago creer que paro’? ¿Será un ‘pre-paro’?

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