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– Que hable con los médicos … Interesante propuesta, Armando. Mirá vos. Una idea brillante que no se me había ocurrido. No hay caso. Por algo vos llegaste a Director Médico y yo me quedé en el llano. Apenas Jefe de Servicio, perdido en el amontonamiento junto a muchos como yo que parecemos conformarnos con estar en la mitad de la tabla. Cualquier cosa con tal de no descender. Tu mamá tenía razón, Armando, cuando éramos chicos y ya nos decía que vos estabas para grandes cosas. Si me parece estar viéndola con su dedito enarbolado hablando maravillas de vos como si te estuviera vendiendo en una subasta. Vos no le fallaste, campeón. Siempre un paso adelante del resto, marcando la diferencia, abriendo caminos y llegando antes que nosotros fuera donde fuera que íbamos. Vos toda la vida tuviste la capacidad de mirar en perspectiva y anticipar los movimientos de los demás. Visión que le dicen, instinto, olfato, astucia. Desde que te conozco fuiste un zorro y no había forma de madrugarte. Tenías ese don de darte cuenta de las cosas. Era como si nos leyeras en la cara cada una de las cosas que pensábamos. Las pillabas de aire y te movías antes, un segundo antes. Ni eso. Menos de un segundo, pero era suficiente como para que el resto del mundo, llegara tarde. Gracias a Dios el Ministro se dio cuenta de todo eso porque en el Ministerio hacen falta tipos como vos para liderar el cambio que se viene. Es inminente el cambio y más que eso: Es necesario. Dicen que el sistema está ahí de colapsar, pero ahora que te tienen entre los que van a impulsar las reformas, no les va a temblar el pulso y las van a llevar adelante cueste lo que cueste. Como se dice en estos casos. Van a ir hasta las últimas consecuencias. Por la gente, como prometieron en la campaña los de tu partido, perdón, de tu Movimiento porque vos siempre decís que son un Movimiento y para mí no pasan de ser una bolsa de gatos y dentro de esa bolsa meten a cualquiera contar de hacer bulto, pero esa es otra historia y vos sabés que no me gusta hablar de política. De política, religión y mujeres no se discute. Tal vez de fútbol tampoco, pero mirá dónde dónde me fui. Es que me entusiasmo cuando hablo de vos. Qué sé yo. Te conozco desde hace tantos años y puedo dar testimonio de tu coherencia. Me consta lo firmes que han sido siempre tus convicciones y tus ideales. Te admiro y aunque no me creas, no exagero en lo más mínimo. Te juro por lo que más quiero que cuando sea grande quiero ser como vos para tenerla clara como vos y llegar ahí donde vos llegaste.

La cara del doctor Armando Estévez pasó por todo un abanico de expresiones. Desde la plenitud de quien se siente halagado y reconocido por un par del prestigio del doctor Pablo Toledo. Rasgos relajados producto de la edulcoración de oídos del que el Señor Director era presa fácil, bueno es recordarlo, expresión que viró sin transición de ningún tipo hasta el ceño fruncido y los músculos de la cara tensos y crispados cuando sus reflejos, por cierto lentos para la ironía, le hicieron saber que el tipo sentado del otro lado del escritorio se estaba haciendo la fiesta con él y al mismo tiempo lo estaba poniendo a prueba. Siempre igual este Toledo. Uno nunca podía saber si hablaba en serio o en broma. La misma cara para decir las cosas más duras o para zarparse con una barbaridad en medio de una reunión importante. Campeón de la ironía, sarcástico otras veces y ácido la mayoría, hasta el punto de ser corrosivo si hacía falta. No conocía otro límite que el decir lo que pensaba en el mismo momento en que lo pensaba. Sin filtro como se suele decir. Tampoco estuvo jamás entre sus prioridades la cosecha de amigos ni le preocupaba caerle bien a todo el mundo sólo por ser simpático y evitar roces. Por otra parte, bueno es decir que Toledo era un mal enemigo y eso lo sabían todos sus colegas y tal vez por se cuidaban muy bien de no irritarlo sin necesidad porque si se llegaba a calentar, se transformaba en un rinoceronte a la carrera. Ojos entreabiertos, cabeza baja y a atropellar lo que se le pusiera delante. Cuando Toledo estaba caliente, lo mejor que podían hacer los responsables de ese estado era desaparecer de su zona de influencia por un tiempo prudencial, si es que en algo apreciaban su pellejo. Bastaba un tiempo corto porque si bien era feroz, no tenía el hábito de ensañarse con los que lo ponían loco y menos todavía se le daba por ocuparse de andar buscándolos debajo de las baldosas. Ahora, si cometían el error de cruzarse en su camino cuando no se había bajado lo suficiente la temperatura, mal pronóstico para ellos. Si por el contrario, mercede a un ataque de sensatez, optaban por el exilio profiláctico, casi en el cien por ciento de los casos lograban salir del trance sin secuelas. Con Toledo, las reglas de juego eran claras. Uno no se metía con él y él no se metía con uno. El problema es que había muchas formas de meterse con Pablo Toledo que la gran mayoría de sus pares ignoraba y con esa premisa, no faltaban las sorpresas.

– Te estás pasando de la raya, Toledo. No estoy para tus jueguitos de palabras. Ya te tengo calado y no me vas a hacer entrar de nuevo. Te hacés el suave y creé que no me doy cuenta que me estás forreando. Que me haga el estúpido de vez en cuando, no significa que sea estúpido, Pablo.

– ¿Cuál es el punto, entonces? Y ahorrate la explicación. tengo bien clarita la diferencia entre ser estúpido y hacerse el estúpido. Es sutil y muy finita, pero sí, la tengo clara.

– Seguí jugando, Pablo. Un día de estos se te va a borrar esa sonrisita. No me voy a enganchar de nuevo porque se me sale la cadena y al final ganás vos las discusiones y yo quedo mal parado, así que vamos al punto. El tema es que los muchachos se quejan. Dicen que vos no hablás con ellos y que encima les mandás unos informes durísimos …

– Perdón que te interrumpa. ¿Tengo razón en lo que digo en esos informes o es que digo estupideces?

– No es el punto si tenés razón o no. Los muchachos están sensibles. Entendelos.  Vos sabés … tapados de trabajo y encima en la mira de la gente. Sos médico. No podés ignorar que los medios también nos están pegando todos los días con algo nuevo. Que

– Pobrecitos los muchachos que están sensibles. Me da una pena bárbara pensar que tienen las colitas paspadas, pero al mismo tiempo Dios les dio un tío piola que les pasa el HIPOGLOS®.  Es tan bueno que les hace sana-sana y no chas-chas aunque se hayan portado mal.

– Toledo … no te pasés de vivo

– ¿Qué? ¿No te bancás hablar de hombre a hombre? Digamos las cosas como son y nos dejemos de dar vueltas. yo paro con el jueguito de la cargad, pero vos también te ponés los pantalones y nos decimos lo que tengamos que decirnos. De una buena vez porque ya me tiene harto andar por las ramas como un mono, hermano.

– Dale … si vos creés que es la forma … metele porque aunque no lo creas, yo sí me la banco.

Pablo Toledo se acomodó en la silla, como tomando impulso.

Prédica II

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