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– Profesor. Lo hemos hecho llamar porque la Salud Pública necesita gente de su estatura profesional, moral y ética. Son horas difíciles. Usted bien lo sabe. Hay mucho en juego y no podemos darnos el lujo de improvisar y menos aún equivocarnos.

Alonso tomaba nota. Lo primero que le llamó la atención era el tema de la estatura porque su hasta donde llegaba su conocimiento, tenía entendido que tal atributo sólo era útil en el mundo del basquetbol, donde sí importaba sacarle al menos una cabeza de alto a sus semejantes. En otro orden de cosas y dada su poca inclinación por los deportes, optó por divertirse pensando cómo se verían en una persona un metro noventa de moral, uno setenta y cinco de ética o dos metros diez de profesionalismo. De inmediato y vaya a saber uno por qué razón se le vino a la mente la sala de los espejos de un parque de diversiones, donde gracias a precisas curvaturas, una persona podía ver su imagen semejante a una pelota de rugby o larga como un fideo o sinuosa, igual que una serpiente. Todo tenía que ver con el espejo se escogía y tal vez este tema de las estaturas estaba relacionado con eso porque a lo largo de todos los años en los que Alonso anduvo por cuanto vericueto de la Salud Pública uno podía imaginar, se dio cuenta que no siempre un metro medía cien centímetros o un kilo pesaba mil gramos. Se sabe que al menos esto último no pasa casi nunca y uno desconfía de las balanzas, sobre todo cuando compra fruta en la calle. Estatura, méritos y competencia. Tres atributos de relatividad extrema en el ambiente de la Salud Pública porque sin duda están sujetos en su ponderación a tantas variables que terminan desgastados en su esencia y al final importan poco y nada a la hora de establecer la diferencia entre los que tienen valor y los que solamente tienen precio. Tantas veces había podido vivir de cerca jornadas que se suponía eran de gloria, en las que grandes anuncios llenaban de fervor a los presentes que rozaban el éxtasis al escuchar de los gobernantes de turno que se inauguraban nuevos centros de salud y nuevos hospitales. Qué cantidad de aplausos arrancaba cada ambulancia adquirida por el ministerio y cada equipo médico que aportaba tecnología avanzada para que quienes no contaban con cobertura de sobra social recibieran la misma calidad de medicina que aquellos con posibilidades de acceder a la atención privada. Como si la calidad de la medicina se definiera por la cantidad de aparatos enchufados a los tomas de los hospitales. Alonso en su travesía a través de los caminos seguros de la historia conocida, optaba por una sonrisa de compasión. Todo fuera por no llorar desconsoladamente mientras el Ministro de turno trataba de convencerlo de que la Salud Pública de la Provincia lo necesitaba. Ya que este personaje hubiera mencionado que se trataba de ‘horas difíciles’ le permitía sospechar que estaban por usarlo como tantas veces antes lo habían hecho apelando a triquiñuelas por el estilo, algunas veces lo habían logrado. La mayoría para ser justos. Esta vuelta va a ser diferente, se dijo a sí mismo con la misma convicción con la que una madre primeriza se propone ponerle límites a su hijo.

– El asunto es simple, profesor Alonso, por decirlo de alguna manera. El sistema necesita cambios drásticos. Un golpe de timón porque así como estamos no vamos a llegar a ninguna parte. El Señor Gobernador está consciente de esto y nos ha dado todo su apoyo. Necesitamos de sus conocimientos y su experiencia en gestión para este desafío que debe enfrentar nuestro gobierno.

Alonso respiraba hondo, como en una clase de yoga. Mantenía el ritmo y meditaba planeando en vuelo libre a un par de cientos de metros de la tierra, lo suficientemente lejos de el Ministro que intentaba aplicar tácticas de seducción política obsoletas en un tipo curtido y del calibre de Alonso al que lo habían atacado a lo largo de su vida con armas de todo calibre y había desarrollado un blindaje a prueba de canto de sirenas, promesas de gloria y perspectivas de monumento. No era un hombre al que le atrajera el mármol y la gloria le parecía un arma de doble filo que mejora era tenerla en la funda, de modo que toda tentativa que no pasara por decir las cosas de frente, rebotaba en la indiferencia de Alonso que había cultivado esa habilidad de permanecer inmutable, con la misma expresión que un enfermo de Parkinson si no le interesaba lo que le estaban diciendo. Este era el caso y por eso, la mejor alternativa para situaciones así, era salir a volar por los alrededores hasta que el otro se diera cuenta que por el camino sinuoso de la diplomacia y la repartija de elogios no iba a lograr nada. Había algunos que a pesar de ser políticos, se daban cuenta y en un esfuerzo sobrehumano, empezaban a decir la verdad, lo que al comienzo parecía dolerles, tanto que  hasta ponían cara de cólico como si la verdad fuera una piedra atascada en algún sitio de su cuerpo y que debían eliminar para poder sentirse bien. Cuando el Profesor percibía que le estaban hablando de frente, bajaba a la superficie y se reconectaba con el mundo para ver de qué se trataba ese raro espécimen que había optado por definir las cosas sin los dobleces que implica el discurso político, con el riesgo que ello implicaba. Nadie se siente más indefenso que un político fuera de la coraza de la mentira o de las verdades a medias. Caminan a tientas, no se encuentran, son vulnerables y en general ni siquiera sobreviven si se los deja librados a su suerte frente a las inclemencias de la realidad que dicen manejar, pero no conocen.

– Es su honestidad, Profesor, lo que ha visto el Señor Gobernador. Esa virtud que lo honra y a la vez una de las razones más  importantes por la que lo convocamos

Interesante juego contradictorio de conceptos. Un hato de filibusteros de la peor estofa llamando a sus filas a un tipo honesto y encima hablando de la honestidad como si fuera una virtud casi teologal que agrega valor y no una cualidad que debería formar parte del equipamiento de serie de cualquier funcionario. Cómo se nota que para ellos sí es inalcanzable y la sensación de poseerla desconocida que le rinden tributo, pero la prefieren adherida a otros porque probablemente en cierto tipo de ámbitos, más que una virtud es una desventaja, como pasa con los escrúpulos, la moral y la ética que a la hora de tomar las grandes decisiones funcionan como palos en la rueda y no dejan progresar ni a las corporaciones ni a los países.

– Como le decía. Son también sus logros en la gestión lo que hace que lo convoquemos a formar parte de este proyecto de gobierno que pretendemos que sea innovador. Revolucionario si se quiere.

Logros en la gestión. Por favor, pensaba Alonso. Si cada vez que estuvo en una función directiva y debía tomar decisiones de gestión, tenía los gremios encima. Si se le ocurría que la premisa ‘a igual trabajo, igual remuneración’ era la mejor manera de fabricar mediocres y de extirpar la poca motivación que podía quedarle a algunos porque buenos y malos tenían el mismo sueldo, los mismos derechos y los mismos beneficios. Los deberes eran otra cosa. Estaban reservados para algunos que entendían a la Salud Pública no sólo como un trabajo, sino como un modo particular de vida en la que las recompensas, como los caminos del Señor, podían tener formas misteriosas y el sacrificio, la generosidad, la solidaridad, la postergación económica y la vocación eran los otros ingredientes del combo que o se tomaba o se dejaba. Gestión clínica. No me hagan reír, pensaba Alonso. No improvisar. En alguna parte había oído cosas semejantes. Proyectos revolucionarios que cambiarían de manera radical la Salud Pública de la Provincia y mientras tanto, la gente seguía esperando que el día menos pensado no se notara tanto que a nadie le importaba demasiado la suerte que podía correr. Salvo ahora que se viene un año electoral y el bienestar de la gente es objetivo del gobierno. Por lo menos durante este tiempo. Vamos con los parches en todas partes. Que no se note que hacemos agua por los cuatro costados. Pintemos por encima de las manchas de humedad, si total dentro de unos meses, cuando todo se descascare, nadie se va a acordar y estaremos de nuevo en el gobierno, haciendo gestión, cumpliendo promesas y cambiando la provincia porque nos debemos a la gente. No permitiremos que ningún ciudadano quede fuera del sistema. Salud, educación, justicia y seguridad para todos, sin distinciones de ningún tipo. Esa es la misión de este gobierno.

– Es así, Profesor, el proyecto necesita personas como usted para que se pueda hacer realidad

– Entiendo. Una preguntita que me surge ¿Qué gano yo con todo esto?

– No lo entiendo …

– Se la hago más fácil. ¿Qué diferencia encuentro en mi cajero automático cada vez que cobre si acepto la propuesta de ustedes?

– Bueno, Profesor … Usted sabe, como hombre de la Salud Pública que en estos tiempos …

– ¿Cuánto? ¿Tendría la amabilidad de decirme cuánto?

– Pero su compromiso con la gente …

– Mi compromiso con la gente, mi honestidad, mis competencias en gestión, mi independencia, mi capacidad de trabajo y si quiere mi solidaridad y mi generosidad son las mismas de siempre. Sólo ha cambiado un pequeño detalle.

– ¿Qué detalle, Profesor?

– Que ahora son más caras, mucho más caras que antes

Juan Luis Manzur, Ministro de Salud Pública de la Nación

Juan Luis Manzur, Ministro de Salud Pública de la Nación. Sin comentarios

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2 pensamientos en “Estatura

  1. …Toda coincidencia con la realidad es pura coincidencia…
    Para mí, vos tenes algun convenio con esos Chamanes que se anuncian en el “diario chiquito”…

    • Querido amigo: Son años de ver que las mismas cosas y las mismas promesas en boca de los mismos personajes de siempre. Yo ya compré espejitos de colores, me embarqué en aventuras imposibles y di el pellejo por ‘la causa’. Hoy mandé a decir con Alonso que me curé de la estupidez para siempre. Un abrazo

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