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Algo pasa. Es evidente. Por razones que no conozco ni soy capaz de imaginar, me he estado quedando bastante más solo que de costumbre de un tiempo a esta parte en el blog. Es importante contar que día a día, las visitas que uno recibe, actúan como un ‘turbo’. Le dan potencia extra a un entusiasmo que si bien no se alcanza a perder nunca por completo, a veces, como hoy, por ejemplo, tiende a flaquear, sobre todo porque quien le da el sentido final a lo que uno escribe es quien lo lee. No hay otra. De hecho, hay pocas actitudes tan patéticas como regodearse con la supuesta genialidad de los propios textos o por el contrario, pensar que son basura sin atenuantes. Son además actitudes soberbias porque creo que nadie tiene la capacidad de autoanálisis y autoevaluación suficientes como para saber cuánto vale lo que uno escribe (asumiendo que ‘vale’ es la palabra adecuada). El peso, la utilidad o el valor de un texto es trabajo de los lectores que en definitiva harán de él algo más grande de lo que fue al concebirse o lo hundirán en el olvido con la misma falta de piedad que la de un niño cuando dice lo que siente sin filtro alguno. De eso se trata. De la verdadera crítica sin esa pose ‘intelectualoide’ o basada en una elaboración súper-teórica que a veces pretende ver más allá de las palabras y muchas veces da la impresión que lo único que se divisa son alucinaciones o ilusiones que forman parte de la estructura del  delirio o pertenecen a los propios fantasmas del crítico. No es que subestime o desprecie la crítica a partir de un sustento teórico o técnico, pero me parece y me hago cargo de lo que digo que muchas veces va a contramano con la percepción de la gente que se toma un tiempo para leer un texto. Será que el crítico y el lector buscan y ven cosas diferentes. Será que el crítico necesita desmenuzar para justificar su existencia´. De cualquier modo, la historia del arte está llena de fracasos geniales y de éxitos mediocres.

Este Blog Venía bien. Creciendo. Cada día con más visitas. Parecía todo estar encaminado después de dos años de trabajo duro para tratar de consolidar el espacio, pero hoy por ejemplo, ya a media mañana, cero visitantes me terminó de confirmar que algo está funcionando mal. Obviamente, así como el trabajo del lector es darle legitimidad al texto, cuando este lector deja de leer algo, uno debería pensar que se debe a que lo que se le ofrece no interesa tanto como antes. El problema es que la comunicación directa es imposible, por una cuestión de asimetría y de tiempos. Resultaría inviable charlar con cada uno de los lectores para ver cómo funciona la relación y si hay algo que las partes, sin ceder principios ni convicciones pueden hacer para mejorarla, cosa que tampoco creo que funcionaría porque no es raro que alguien siga a un escritor aunque lo aborrezca y pese a que escribe cosas que hasta pueden resultar chocantes, de modo que el modo de establecer puentes entre quien escribe y quien lee es el texto en sí mismo, mientras que el sentido inverso serán los comentarios, los niveles de aceptación y de seguimiento u otras variables que por ser muchas veces reflejo de un comportamiento de conjunto, pueden ser menos sencillas de analizar en cuanto a los cambios que experimentan.

La caída de las visitas al blog me da tristeza. Negar eso sería mentir. Es importante para mí que se reconozca lo que hago. No sólo porque es duro mantener una producción que convoque la atención de los lectores durante tanto tiempo y en una de ésas sucede que o me estoy repitiendo demasiado, toco temas que no atrapan y/o he bajado la calidad de lo que produzco. No lo sé. No sé si es una o más causas y este texto que me sale después de ver vacía la casilla de visitas de hoy pretende ser un intento de trabajo sobre el tema, poniendo en negro sobre blanco que si bien la sensación es de tristeza, no hay frustración ni deseos de bajar los brazos porque creo en el esfuerzo sostenido como la mejor estrategia lograr lo que uno se propone en cualquier actividad que emprenda. Será un tiempo difícil que deberé superar redoblando esfuerzos y manteniendo vivo, como lo vengo haciendo en los últimos dos años, un espacio que me devuelve en placer lo que se lleva en trabajo. Sigo y mientras crea que lo que hago sirve de algo y le llega a alguien, seguiré, pero no voy a dejar de decir lo que pienso ni compartir las sensaciones con quienes me acompañan. No para ‘mostrar la hilacha’ o para dar pena. Los que me conocen saben que no es ni será mi estilo. Sí es mi estilo largar lo que me pasa sin miedo alguno a caer en el ridículo porque sé con quiénes estoy hablando. Con lo que escribo hoy, lo único que hago es intentar contarles qué le pasa a veces al que está ‘del otro lado’. Al que todos los días anda pescando historias y muchas veces lo único que saca del río son ramas y botas viejas, pero igual trata de ingeniárselas para que aún de eso que en general se desecha, salga algo bueno. Que a veces se logra o a veces no o que en ocasiones se desperdicien buenas historias, es parte del riesgo de asumir el rol del que cuenta lo que ve porque cree que eso es lo que pasa.

Esto que les cuento es lo que siente el que está del otro lado cuando muy pocos llegan a visitarlo. Lejos de cargarle la responsabilidad de ustedes, se pone en la tarea de hacer autocrítica, dejar la caña de pescar historias a un lado y ve si necesita mejorar el cebo, buscar otro arroyo o bien tener la paciencia suficiente como para esperar que los cardúmenes maduren y vean tentador el anzuelo. Entre tanto, tal vez y sólo tal vez, el blog tendrá menos movimiento de parte vuestra porque yo voy a seguir buscando el modo de llegar, el modo de despertar la necesidad de reflexión, actividad que se ha vuelto tan escasa que parece un artículo de lujo o una especie en extinción. Seguiré mirando el modo de que cada vez más gente crea que este tipo de espacios vale la pena, con sus altas y sus bajas, con sus éxitos y sus fracasos. Sigo, finalmente porque escribir no es otra cosa que una parte muy importante de mi vida que postergué e intenté reprimir demasiado tiempo (cosa de la que estoy arrepentido). En este punto, no voy a dejar que nada me tiente a mandar de nuevo al último estante de mis prioridades esto que es una de las cosas que más placer me produce. Escribir. Si me acompañan, seguramente el placer va a ser completo.

Sigo

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5 pensamientos en “Sigo

  1. Hola Guille!!!, Cabezón, Amigo, Referente. Vuelvo a leerte después de una ausencia vacacional sin computadora. Continuaré con la lectura de tus textos, que siempre dejan cosas para reflexionar.En ocasiones con “bajón”,otras con risas, otras con críticas duras y ciertas.
    Quizá peco de simplista, pero no desestimes los tiempos “argentinos”, en donde todo está casi parado(incluído el intelecto) de enero a marzo.
    Sin dudas que debes seguir.Un abrazo.Lucas

    • Gracias de corazón. Dicen que un amigo es entre otras cosas alguien que acierta con una remera atrevida tres veces y el que se da cuenta cuándo hay que empujar al otro amigo que no anda muy en alta. Gracias de corazón y claro que sigo. No te quepa la menor duda. Un abrazo enorme

  2. Hola Guillermo
    Interesarse por lo que los demás están pensando y haciendo a menudo es una forma mucho más poderosa de aliennto que los elogios. (Robert Martin) Gracias por escribirlo.

  3. A veces, quien escribe se retroalimenta de la opinión de sus lectores. No deja de ser egoísta no hacer comentarios en tantas cosas que escribiste y me encantaron. De todas formas, es importante para mí, que sepas que existimos los lectores silenciosos. Ese silencio no está exento de una gran reflexión. Gracias por escribir.

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