Home

Es importante saber que en un país organizado, existen servicios que tienen un gran componente social y que deben ser brindados de manera ininterrumpida porque la necesidad no siempre tiene ritmo horario y conoce la diferencia entre días hábiles y feriados. Esta aseveración vale para el ámbito de la educación, la seguridad, la justicia, la salud y los servicios públicos esenciales.

Por convención y para evitar conflictos, les propongo que partamos de algunas premisas básicas en las que seguramente estaremos de acuerdo, al menos en lo sustancial:

a. Toda persona que requiere un servicio tiene derecho a …

(1). Ser asistida con respeto, profesionalismo (competencia, calidad humana y honestidad) más aún si se tiene en cuenta que esa persona están ‘en desventaja’ respecto al que presta el servicio

(2). Conocer quiénes son los profesionales en los que deposita su confianza, saber qué se evalúa en ellos, quién lo evalúa, cómo se lleva a cabo la evaluación y a cargo de quién está decidir si son aptos para ejercer la profesión

(3). Toda persona que acude con una pregunta pertinente al sitio que corresponde debe recibir una respuesta en tiempo y forma.

¿Por qué primero los derechos de la gente? Porque es la gente que recurre a los servicios la que les da el sentido primario de existencia

b. Todo trabajador tiene derecho a …

(4). Percibir lo que estima que es justo como salario en relación con las tareas que cumple.

(5). Ser reconocido por esfuerzo, sacrificio y vocación que demandan acceder a un título de grado, asumir una formación de postgrado y desarrollar de las competencias clínicas básicas.

(6). Desempeñar sus tareas en un ambiente laboral seguro, donde se manejen los conflictos con respeto por las partes, con reglas de juego claras y donde se favorezcan la participación y las oportunidades de crecimiento vinculadas con el esfuerzo, a la idoneidad y no con otras variables.

(7). Reclamar no sólo cuando estima que su situación salarial o laboral es injusta, arbitraria o viola alguna norma vigente, sino cuando procura mejorar las condiciones de trabajo (este derecho está consagrado en la Constitución Nacional).

c. Premisas referidas a la realidad:

(8). En nuestro país es inevitable que los sueldos se atrasen con respecto a la inflación, porque avanzan a un ritmo más lento.

(9). La elección de una profesión vinculada a servicios se debe asumir con la plena conciencia de que el centro del escenario lo ocupa en todos los casos la persona con necesidades

(10). Es imprescindible que quien opta por profesiones de servicio en el entorno laboral público tenga claro que el camino hacia éxito material es otro

Todas estas son verdades indiscutibles en su base, pero como se trata de aseveraciones generales, no pueden aplicarse a todos los miembros de un grupo, ya que todas las generalizaciones, tanto virtuosas como viciosas son falsas. En este sentido, es importante tener en cuenta que la vocación, el estudio, la capacitación, el espíritu de sacrificio, el trato humano con las personas, la honestidad y las competencias son características positivas y virtudes que están fuera de discusión, pero que no todos poseen, así ocurre con las carencias y defectos.

Ahora bien. Estamos hablando de derechos y hasta ahora no invitamos a los deberes a sentarse en la mesa. Cosa que en general ocurren en el ámbito de las negociaciones, sobre todo cuando está en el tapete el tema salarial. En esas instancias, la amnesia selectiva hacia las obligaciones pareciera ser un reflejo condicionado de los gremios. Es como la campanita del perro de Pavlov. En ese caso, cuando sonaba, el animalito se preparaba para alimentarse. Aplicado a los gremios, la palabra salario evoca inmediatamente la salida de todos los derechos habidos y por haber a la superficie, con sumersión inmediata y recíproca de los deberes que quedan confinados hasta nuevo aviso en los abismos submarinos, rodeados de oscuridad y silencio.

Esto es sumamente interesante porque si uno se pone a pensar un poco, lo que constituye un derecho para el paciente, usuario o como quiera que se llame, será de manera inexorable un deber para el profesional que presta el servicio. Hagamos una síntesis de las tres primeras aseveraciones de la lista que afirman que una persona tiene derecho a ser asistida con respeto y profesionalismo, a conocer quiénes son los profesionales en los que deposita su confianza y a recibir una respuesta en tiempo y forma, lo que en buen romance significa que: ‘El profesional tiene el deber de asistir a la persona con respeto y profesionalismo, satisfacer las pautas de evaluación de desempeño y competencias que existan y responder a las inquietudes de la persona de modo razonable y claro’. (si lo quiere más razonable, échele agua).

Dicho esto, pongamos en claro que habrá al menos dos grandes grupos de profesionales: los que cumplen con su deber y los que no. Es probable que los primeros estén percibiendo salarios menores a los que merecen, tanto como que los segundos reciben todos los meses unos cuantos pesos de regalo, cosa que ocurre porque en nuestro bendito país se paga por cargo y no por persona en base a la premisa: ‘a igual trabajo, igual remuneración’ (léase bien. Dice a igual trabajo y no a igual cargo), de modo que al menos en el sector público se fija un pago para el profesional con tal régimen horario, tal antigüedad, tales títulos, tal función jerárquica y sigue la lista hasta que se integra un sueldo. Fenómeno. Ponemos la vara de medición a una altura y el que llega, cobra. No tiene demasiada importancia si uno la alcanza poniéndose en puntas de pie y dejándose crecer las uñas y otro la supera largamente. Si ambos tienen igual régimen horario, antigüedad, zona, título y función jerárquica, a fin de mes tendrán disponible más o menos el mismo dinero depositado en su cuenta, sin contar los adicionales. Esta situación nos lleva a inferir unas cuantas cosas más que interesantes:

(1). Que el ‘núcleo duro’ del salario está integrado por cosas que suceden y no que se provocan merced a la dedicación y al esfuerzo. La carga horaria es una premisa de contrato, la antigüedad depende del paso del tiempo y el título es requerimiento de primer orden para acceder al empleo.

(2). Que los adicionales, sobre todo los que se vinculan a función jerárquica, tienen valor relativo, ya que no hay una política uniforme de concursos que permita acceder a los niveles de decisión por mérito y no por mera persistencia en la ocupación del espacio.

(3). Que las guardias activas y pasivas implican un esfuerzo adicional en los profesionales, a los que se remunera por ello

Lo peculiar del sistema es que en ninguno de los tres aspectos que componen el salario (base y adicionales), está contemplada la calidad del trabajo realizado, el volumen de actividad y los aportes al mejoramiento del sistema, ya que para el primero, con estar, alcanza. Para el segundo puede ser suficiente con la combinación de longevidad y apoyo político y para el tercero tampoco  existen parámetros de evaluación para marcar diferencias entre los mejores y los peores. Tal vez y sólo tal vez, la idea pueda pasar por la aplicación estricta del axioma: ‘A igual trabajo, igual remuneración’. Comenzando por definir las variables o componentes del trabajo que se van a evaluar a la hora de definir cuánto merece cada profesional del sistema porque hay quienes superan la vara de enrasado, los que sólo al alcanzan y los que ni eso. Los tres grupos conviven en la salud pública actual y si, como se dijo, el ‘núcleo duro´ del salario es más o menos el mismo, la paga en consecuencia será igual, situación que por supuesto desmotiva al que se esfuerza, tranquiliza al que llega a la vara de base porque es suficiente con eso y no incide con el que no la alcanza que dicho sea de paso, luchará para que se vaya colocando cada vez más cerca del piso.

De una vez por todas nos saquemos la careta y tiremos la demagogia barata a la basura porque sólo sirve para igualar hacia abajo y para perder el respeto de los más valiosos. Luchemos para que a igualdad de: (1). Desarrollo en las competencias clínicas, (2). Calidad humana, (3). Valores proactivos para el sistema (ética, generosidad, compromiso, honestidad, solidaridad, identificación y sentido de pertenencia), (4). Cumplimiento de las pautas de convivencia (puntualidad, asistencia, respeto entre compañeros de trabajo y cuidado del ambiente laboral). A igualdad de todo eso, por fin, igual remuneración porque de otro modo: ¿A quién le conviene emprender el camino a la excelencia si da lo mismo pasar la vida ‘de taquito’ y sin hacerse cargo de nada?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s