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Seguimos en la misma tónica de no poder disfrutar de la ficción porque los ramalazos de realidad obligan a usar toda la tinta disponible en otros puntos que se supone son más trascendentes. No estoy en condiciones de discutirlo y hoy haré lo que debo en este texto, no lo que quiero. Voy a ser directo porque creo que a esta altura del partido, mi posición es más que definida. De un tiempo a esta parte, por las cosas que veo, sumadas a las que vi y me vienen a la memoria sin que yo lo desee y por las que veré mañana y los días por venir. Por todas esas cosas, cada vez me duele más lo que ciertos médicos le están haciendo a la medicina. Ese dolor que al principio era sólo eso, una sensación visceral que me despertaba angustia, se ha ido transformando en un estado raro, indefinible que de pronto percibo como una bronca profunda, después como impotencia de esa que cierra los puños hasta que todo el cuerpo entra en una especie de parálisis, hasta que aparece la vergüenza. En mi relación íntima con la medicina y a través de los años. se han ido produciendo una serie de cambios que nunca esperé experimentar, pero llegaron.. Hoy, en julio de 2012, estoy en condiciones de decir que daría lo que fuera por dejar la medicina porque he llegado a tal punto de agotamiento moral que cada decisión médica que debo tomar se me hace muy complicada. Estoy en un punto de mi vida y de mi carrera en el que percibo que algunas cosas que me despiertan una preocupación permanente ni siquiera son tenidas en cuenta por la mayoría de los que comparten el título de grado conmigo y a los que me resisto a llamar colegas. Tal vez no se consideran porque no tienen importancia y los médicos están para misiones más elevadas, tal vez no forman parte de la usina generadora de angustia porque hay demasiadas circunstancias en la vida diaria que nos estresan como para que encima le agreguemos otras. Sea por la razón que fuera, noto que existe cada vez menos interés por ciertos aspectos de la práctica médica y una depreciación del acto médico. Percibo (o creo percibir) signos de que eso es así y sin pretender ser el poseedor de la verdad, trato de buscarles explicación, con lo que se me derrumba la esperanza porque las razones que concluyo son la causa de este estado de cosas, es muy difícil que cambien, al menos en un futuro lo suficientemente cercano como para que yo pueda verlo.

Signos. Una larga fila india de signos que se nos vienen encima de uno en fondo y cuando hablo de signos, lo hago en un sentido médico porque hablo actitudes visibles de personas que han sido formadas (al menos se supone) para incidir positivamente en la vida de aquellos que acuden por ayuda por un problema clínico. Qué es sino evidencia de que algo no funciona como debiera esta lista interminable de actitudes que no sólo lesionan la relación médico-paciente, sino que horadan, como en la famosa tortura de la gota, los cimientos del sistema de salud que médico-céntrico como es, depende en su vigencia, su credibilidad, su capacidad de contención y respuesta sobre todo del accionar médico y no seamos hipócritas porque en el imaginario social salud y médico son una asociación primaria de ideas que difícilmente se revierta, al menos en el corto plazo. Si el médico consiguió ocupar el centro de la escena, deberá de una buena vez darse cuenta que ese protagonismo tiene doble filo. Si todo sale bien, será la hora de los aplausos y hasta del reconocimiento y de lo contrario, sea o no responsabilidad del médico, será el tiempo de hacerse cargo de los destrozos. Es lo que está ocurriendo cada vez con más frecuencia, al menos las noticias dan cuenta de ello. En este estado de crispación generalizada, el médico es uno de los nuevos blancos móviles y paradójicamente, en lugar de diseñar una estrategia para que el ataque no ocurra o de última hacerse fuerte si no se puede evitar, opta por el camino contrario. Un despliegue de actitudes de provocación que parecen sustentarse en un poder que hoy por hoy el médico ya no tiene. Para quienes piensan que lo que digo no es cierto o que exagero en mi visión fatalista del momento, me permito comentar algunas situaciones para ver si les suenan por vivencia directa o mención de una fuente de confianza. Quién no ha soportado la impuntualidad. Conste que no hablo de la demora porque un paciente ha demandado más tiempo que el previsto o porque en medio de una agenda apacible se ha presentado una emergencia que se transformó en prioridad absoluta. Conste que no hablo de una circunstancia accidental que haya demorado al médico. Parece obvio, pero creo imprescindible decir que no hablo de estas cosas porque las susceptibilidades están a la orden del día y parece haber recuperado vigencia el viejo dicho que solía usar un maestro mío: ‘Cuando uno tiene cola de paja, el humo se ve de lejos’. No hablo, repito, del accidente, del incidente, de la excepción o del episodio. Me refiero a lo sistemático, a lo incorporado a la práctica y en este caso en particular, salvo que haya opinión en contrario, la impuntualidad es una de las actitudes que definen al médico que ‘está tan ocupado que vive a las corridas’. Miren si será sistemática e inveterada esta conducta que hasta la gente ya ha construido una empalizada verbal para intentar justificarla. ‘Pobre mi doctor, vive de guardia’, ‘Tiene que trabajar en mil lugares por eso a veces se atrasa’. Malas noticias para los ocupados, los multiempleados o los emergencistas permanentes. La empalizada verbal se está derrumbando y cada vez quedan menos palos que puedan detener la andanada que se ve venir de parte de la gente que ya se ha cansado de tanto destrato, lo que puede deberse tal vez a que mucha de esa gente trabaja en mil lugares, está muy ocupada y se queda hasta cualquier hora con tal de achicar la brecha entre lo que necesita para vivir y lo que le pagan.

Otra de las características que forman parte de la estructura de la masa médica crítica es la letra y como en el caso de la impuntualidad, existen pruebas evidentes de ello. Quienes nos hemos preocupado por mantener la legibilidad, recibimos con mucha frecuencia este mensaje que a primera vista parece elogio: ‘Qué linda letra que tiene, no parece médico’ o por el contrario, para referirse a una letra espantosa, la gente dice que ‘es letra de médico’. Digo que a primera vista parece un elogio porque si a uno se le da por ser quisquilloso, podría interpretar que la gente nos está diciendo que los médicos de verdad tienen cosas mucho más importantes que hacer que ocuparse de la letra. Este tema siempre lo he tomado muy en serio porque creo que la letra clara (no hable de bella, sino de legible sin dificultad) muestra respeto al que lee muestra y lo contrario se aplica de modo directo, de tal modo que quien garrapatea una receta, según mi manera de ver las cosas, es lisa y llanamente un irrespetuoso porque se quiera o no, le pone una mancha a la calidad que debería tener el acto médico, a la vez que expone al paciente a la voluntad y a la capacidad de interpretar lo escrito por un tercero, circunstancia que no me parece adecuada si lo que defendemos es la seguridad del paciente. Por último. Parece que la sensación de impunidad de algunos médicos se traslada a su letra porque ni consideran lo que puede opinar un juez si uno de sus peritos le dice que no alcanza a descifrar lo escrito en la historia clínica. Desde que empezaron nuestros primeros coqueteos con la informática en los registros médicos, me fui dando cuenta que salvo honrosas excepciones, los profesionales con peor letra son los más reticentes a usar el teclado: ¿creerán que corre peligro su ‘ser médico’ si se entiende lo que dicen? ¿Será que no son capaces de expresarse y por eso se mantienen refugiados en la ilegibilidad? (dicho sea de paso, pocos médicos saben contar una historia) u ocurre lo que dijo un excelente profesional con extraordinarias habilidades quirúrgicas, de lo mejor que tenemos en la provincia: ‘Yo no soy médico de computadora, soy médico de bisturí’. Una lástima que piense de esta manera el muchacho porque se autodefine como extremadamente limitado y capaz de manejar sólo un instrumento, cuando que yo sepa al menos, nuestro cerebro es capaz de organizarnos para que podamos hacer más de una cosa a la vez y para que adquiramos más de una habilidad.

(Esta historia continúa …)

Manifestación de médicos

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