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Por iniciativa de mi amigo, colega y compadre cibernético, el Dr. Hugo Antonio Tula, tuve la oportunidad de leer un artículo del Dr. John P. A. Ioannidis del Stanford Prevention Research Center que subió a su blog www.hugotula.blogspot.com. Confieso que me enganchó desde el título: Are Medical Conferences Useful? And for Whom? (¿Son útiles las conferencias médicas? ¿Para quién? ). Este texto se publicó en JAMA, el 28 de enero de este año y no tengo dudas de que es de lo mejorcito que he leído, no sólo por la calidad con la que está escrito, sino por la profundidad de las afirmaciones que por decirlo de algún modo, se introducen en un tema que para muchos es ‘intocable’ y que son los congresos médicos.

De algún modo, después de leer y traducir este artículo, me sentí especialmente gratificado porque quienes me conocen y sobre todo los que han tenido la oportunidad de que compartamos alguna charla sobre este tema, saben perfectamente lo que opino sobre los congresos médicos prácticamente desde que me recibí, a mediados de los ´80. Siempre sostuve que esos eventos tienen mucho más de reunión social, ámbito propicio para el tráfico de influencias, vidriera para ‘mostrarse’, terreno propicio para captar la atención sobre todo de los más jóvenes con toda clase de ‘espejitos de colores’ (desde bolígrafos a tomógrafos y desde anotadores a resonadores). Es el sitio donde se quien quiera ver, se da cuenta cómo funciona el negocio y cómo se ha dejado de invitar a Hipócrates a estas reuniones, cómo se aprovecha el don de la ubicuidad participando (según dicen los certificados) de varios encuentros al mismo tiempo. Es éste el reino fugaz de los conflictos de intereses que cada vez son más intereses puros que por otra parte se han vuelto con el tiempo menos conflictivos y más manifiestos. En estos eventos puede que nadie se ponga la camiseta de un laboratorio médico o de una empresa que produce insumos o tecnología relacionada con la salud y se reconozca ‘hincha fanático’. Paciencia porque después de que se apaga el fuego de esta gigantesca Kermesse y se desarman los kioscos, en el preciso momento en que cada uno de los participantes vuelve a sus lugares de origen, empiezan a aparecer las necesidades de equipamiento, drogas o insumos que casualmente se corresponden de manera bastante directa con las marcas que patrocinaban con total obscenidad el último ‘encuentro científico’. La percepción de esta evidencia es muy sencilla porque en la mayoría de los casos, las variaciones en las tendencias de diagnóstico y tratamiento son expresadas de manera abierta y sin ningún tipo de pudor por los viajeros que retornan del evento, de tal suerte que por ejemplo, si el último congreso de Medicina Interna es auspiciado de modo semiexclusivo por ROCHE®, deberíamos prepararnos para la era REDOXON® o muerte. Yo mismo aunque lo que cuente sea anecdótico y sin valor de evidencia, he visto como la digoxina subía al estrellato en un congreso, se hundía en la ignominia en el siguiente y reaparecía después de un par de encuentros. Se la veía lozana, plena de virtudes y rejuvenecida e inmune al paso del tiempo como Nacha Guevara. Quiero ser absolutamente claro en mi línea de pensamiento: Los congresos médicos no son actividades formativas o de capacitación, sino encuentros con finalidad social y comercial. Con lo que digo no me estoy metiendo debajo de las polleras (con respeto) del buen Dr. John P. A. Ioannidis, sino reafirmo lo que sostuve desde siempre y que he de reconocer que me trajo no pocos problemas.  Los congresos médicos no pueden de ningún modo ser considerados actividades formativas o de capacitación por varias razones:

* Porque abundan los conflictos de intereses y para no caer en las redes del sesgo, es imprescindible saber dónde se esconden, lo que puede resultar muy complicado para quienes no tienen experiencia que justamente son los más vulnerables a la penetración de la industria.

* Porque la modalidad ‘el que está allá arriba en el escenario habla y el resto se queda abajo escuchando’ (o haciendo como que escucha) no tiene nada que ver con el proceso de enseñanza-aprendizaje.

* Porque las ráfagas de conceptos que se vierten en módulos cortos son sólo eso, ráfagas que no permiten el análisis, la crítica o la discusión, de modo que no se pueden procesar y por consiguiente, no se aprenden.

* Porque la profusión de publicaciones (‘publicar o morir’) disminuye la calidad de las mismas y la posibilidad de revisión por pares.

* Porque  los intereses son en demasiado heterogéneos, ya que a los que patrocinan los eventos les interesa vender, mientras que los que concurren lo hacen por un abanico muy amplio de motivaciones. De hecho, la masa crítica que concurre a este tipo de encuentros no va a capacitarse y a aprender, sino a establecer contactos convenientes, ‘mostrase en sociedad’, pescar uno que otro ‘chisme picante’ de algún tema que se haya puesto de moda. Una de las razones por las que se concurre a un congreso es la necesidad de mantenerse entrenados en el complejo oficio de deslizarse por los laberintos del poder y las influencias porque de otro modo hay peligro de ser engullidos por  el anonimato, lo que en ciertas especialidades de la medicina equivale a una facturación poco seductora.

Seguramente, habrá quienes sostienen la necesidad de los congresos para presentar trabajos y en este sentido, me parece que deberíamos ser más sinceros. La necesidad es mostrarse porque si el trabajo se pone a consideración de la comunidad médica en un sitio validado como de calidad, se podrá difundir mucho más todavía que si se expone en un auditorio de un congreso. Dicho sea de paso, creo incluso que un congreso no es el ámbito para presentar trabajos científicos de valor porque la mayoría de los concurrentes están con la mente en otra cosa y que me lo desmienta con pruebas el que pueda hacerlo.

En este mismo hilo conceptual, me tomo el atrevimiento de reproducir parte del post que el Dr. Hugo Tula escribe en el contexto del aporte del artículo que mencionaba al principio:

‘ A principios de mes tuve la oportunidad de asistir (digo asistir porque participar es otra cosa) a algunas de las charlas del Congreso Nacional de Cardiología organizado por la FAC (Federación Argentina de Cardiología). Es ‘lógico’ que un evento de este tipo tenga el apoyo de la industria farmacéutica, para la cual estos congresos son parte de su estrategia de marketing’.

‘Lo primero que me llamó la atención fue ver más gente en los pasillos que la que estaba escuchando o participando de las charlas. Lo segundo fue ver qué poco tienen estos eventos del espíritu 2.0 (participación, colaboración, actitud 2.0, etc). Solo algunas salas de conferencia tenían conexión Wi-Fi y ni hablar de la posibilidad de seguir algunos de los eventos del congreso por Twitter’.

‘Entonces me vienen a la cabeza algunas preguntas, ¿Sirven los congresos como actividades formativas o de actualización? ¿Están siendo utilizadas las nuevas tecnologías en la organización de estos eventos?’

Del texto que me parece excelente y claro, tomo algunos conceptos:

  1. Asistir no es lo mismo que participar, ya que esto último implica algún grado de involucramiento. De hecho, en los certificados de los congresos se suele poner ‘asistente’ (sólo acredita que ocupó un espacio).
  2. Más gente en los pasillos que en los salones, analogía perfecta con la realidad de la mayoría de los shopping, en los que más personas se la pasan dando vueltas que comprando.
  3. Ausencia de las nuevas tecnologías como ‘columna vertebral’ del evento, cosa que no me sorprende, habida cuenta que en plena época informática, seguimos luchando contra la letra médica, cuya ilegibilidad en algunos casos es exhibida como un estandarte y en la experiencia personal que compartimos con el Dr. Tula, la aceptación de la informática en la práctica diaria tiene tal resistencia por parte de los profesionales que uno tiende a sospechar que la causa del rechazo se puede esconder en alguna de las siguientes causas:

* El registro informático obliga al profesional efectivamente a hacerse cargo de lo que hace y de lo que deja de hacer, a la vez que queda definitivamente en la memoria la institución

* Quita el ‘escudo protector’ de la caligrafía (esto me lo han manifestado de manera explícita algunos profesionales muy conocidos)

* Pone de manifiesto no sólo la falta de competencia para desenvolverse dentro de un sistema nuevo, sino la poca o nula predisposición a adquirirlas

Finalmente, del artículo del Dr. Dr. John P. A. Ioannidis, cuya traducción subiré en la sección ‘Vuelta de Tuerca’ de este Blog, me permito adherí a las siguientes afirmaciones:

  1. ¿Acaso es que las conferencias médicas no sirven para nada? O dicho de otro modo ¿Sirven para algo las conferencias médicas?
  2. Los congresos médicos pueden ser funcionales a un sistema específico de valores cuestionables que incluso pueden perjudicar tanto a la medicina como a la salud.
  3. Los revisores suelen tomar en cuenta los nombres y antecedentes de los autores antes de encarar la revisión propiamente dicha.
  4. Muchos resúmenes existentes en las reuniones médicas no llegaron nunca a publicarse como artículos de texto completo
  5. Los líderes de opinión son los expertos cuyas declaraciones pueden ejercer una gran influencia, independientemente de la evidencia, en ausencia de evidencia o en contra de la evidencia
  6. El liderazgo se sustenta a veces no en el mérito científico, en el trabajo  a conciencia y en la originalidad de pensamiento, sino por la capacidad de navegar en los círculos de poder.
  7. En muchas de estas reuniones abundan el poder y la  influencia.
  8. La revelación de los conflictos de intereses (si se produce) sin duda vale la pena, pero no está claro qué información objetiva puede obtenerse a partir de encuentros en las que muchos oradores tienen conflictos de interés, aún cuando estos conflictos se dan a conocer.
  9. Los líderes reales de algunas sociedades profesionales tienen importantes conflictos de interés.
  10. La educación y la formación también pueden llevarse a cabo de manera exitosa fuera de estos ámbitos. Una parte de los recursos dedicados a congresos y a las extravagancias que los caracterizan puede ser mejor invertida en el desarrollo de modalidades educativas más eficientes.
  11. Los recursos destinados a la mega-conferencias pueden ser redireccionados hacia actividades de investigación y generación de conocimiento más productivas, como pueden ser talleres o seminarios.
  12. Los congresos y encuentros médicos multitudinarios van a desaparecer si los médicos les dejan de prestar atención, si no les dan valor, y si no asisten a ellos y por supuesto, si los patrocinadores no los financian.
  13. Se debería recolectar evidencia que establezca si la modalidad de conferencias ofrece ventajas en comparación con otros medios de satisfacer las mismas necesidades de formación, capacitación y de aprendizaje, incluyendo las redes sociales y las teleconferencias.
  14. Sería conveniente aplicar los más estrictos criterios de selección en cuanto a quiénes organizan congresos médicos, excluyendo de la organización, de los comités y de las sociedades profesionales a todos los investigadores ligados a la industria en los últimos 3 años.
  15. Para los que comercializan medicamentes y biotecnología, así como para la industria del turismo y de la hotelería, lo mejor que hay y puede haber son los grandes encuentros profesionales del modo en que realizan actualmente.
  16. Tal vez el siguiente paso sería aleatorizar la primera reunión.

¿Queda más o menos claro?

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