Home

Esta mañana temprano, repasaba las noticias por la red y me llama la atención que en la edición de hoy de El Tribuno, el diario más conocido en Salta, aparece un título abajo, a la derecha, en la sección ‘Comunidad’ que dice ‘Hospital El Milagro’. Pensé refería al ‘Hospital Señor del Milagro’ y cuando hago click, me sorprende que el protagonista de la nota es el ‘Hospital Público Materno-Infantil, Sociedad del Estado’ (conocido en Salta como ‘Hospital Nuevo’ o ‘Nuevo Milagro’). Alguien denuncia que demoraron en atenderlo en la Emergencia de Pediatría y que en esos 20 minutos una enfermera permaneció en su box mirando facebook. Hay una foto en la que se puede ver con cierto esfuerzo un miembro superior de una persona vestida con lo que probablemente es una chaquetilla celeste y debajo una prenda mangas largas de un color oscuro (tal vez azul), sentada frente a un monitor en lo que parece ser un consultorio de la Emergencia Pediátrica del Hospital Público Materno-Infantil Sociedad del Estado.

No podría jurar frente a la imagen del Señor del Milagro que la persona está conectada a una red social y menos aún que esté chateando. Ni siquiera puedo afirmar que se trate de alguien que trabaja en el Hospital. El tema no pasa por ninguna de esas cosas. El tema es que quienes trabajamos en salud pública estamos expuestos y seguimos subestimando las consecuencias de nuestra conducta inadecuada frente a esa exposición. No nos damos cuenta que nos movemos en una gran vidriera, cada vez con más superficie al descubierto y con más elementos a la vista de todos. No nos enteramos de que ya pasaron las épocas en las que el teatro de la atención médica tenía más bambalinas que escenario propiamente dicho. En esos tiempos era mucho más lo que se suponía que lo que se vía. La intimidad de la práctica médica estaba, paradójicamente, fuera del alcance del paciente y de sus familiares. Todo funcionaba como un restaurant con la cocina oculta. Tanto que era común que luego de la consulta nadie tuviera demasiado claro qué estaba pasando y que surgieran diálogos como estos:

–   ¿Fuiste al doctor? (antes la palabra ‘médico’ se usaba menos y por ello ‘doctor’ era el modo de trato y de referencia establecidos)

–   Si, recién llego

–   ¿Y qué te dijo?

–   No entendí muy bien qué me dijo. Lo que sí es que me pidió unos análisis

–   ¿Y vos no preguntaste?

–   ¡Cómo se te ocurra! Molestar al doctor con mis cosas

Puede parecer irreal, estereotipado o como quieran llamarlo, pero para los que tienen más de cuarenta, en una de esas les suena familiar. Aún hoy, sin ir más lejos y sobre todo en el ámbito privado, conversaciones como ésta se escuchan aunque debo reconocer con cierto alivio que cada vez con menor frecuencia. Este tipo de comunicación (por llamarlo de algún modo) ocultaba debajo de la superficie que el paciente en general dejaba ‘en manos del médico’ las decisiones importantes y por qué no la comprensión y el análisis de su padecimiento. ‘El es el que sabe qué hacer’. ‘Yo de esto no entiendo nada’. ‘Le tengo mucha fe a este doctor’. Se trataba de una transacción clara aunque tácita. El enfermo padecía (paciente) y el médico decidía el manejo de la enfermedad (sapiente). Esta relación que puede interpretarse como de tipo monárquico (rey-súbdito) cuando no amo-esclavo si a uno se le da por exagerar (sólo un poco) la nota.

La historia siguió su curso y el ser humano se adecuó en mayor o menor medida  a los cambios que se fueron produciendo, cambios que en estas últimas décadas fueron tantos, tan profundos y desarrollados a una velocidad tan vertiginosa que la mayoría de los mortales quedaron afuera y como pudo se fue subiendo al tren, sin que ni por asomo todos hayan logrado trepar. De hecho, hoy la mayor parte del mundo está fuera de los radares del progreso y de los hitos tecnológicos que tanto nos encandilan y nos seducen, pero como se trata de una población que siempre ha estado excluida, el mundo no se detiene a buscar explicaciones y le da para adelante y el que llega, llega y los que no, seguirán siendo emergentes y sometidos.

Hoy por hoy, al menos en nuestro país, cada vez hay más gente que tiene acceso a otra mirada, a diferentes fuentes de información, a opiniones distintas y con esos recursos, intenta ejercer su sentido crítico y su derecho a disentir cuando algo no le parece adecuado según su criterio y conocimientos. Lo hace como puede y con lo que tiene, pero el asunto es que lo hace, lo que en buen romance significa que se quita de encima la pasividad del paciente clásico que se limitaba a sufrir y a obedecer. Es cierto que el número de personas en esta situación es todavía bajo y la cantidad por el momento no alcanza para inquietar a nadie, pero debemos tener en cuenta que día a día crece. No a toda velocidad, pero sí a un ritmo sostenido por varias razones, entre las cuales figura, al menos en mi provincia, el hecho de que en la década del ´80 se instituyó la colocación de un cartel muy visible donde se detallaban los derechos del paciente (dicho sea de paso, el que corresponde a las obligaciones y deberes está mucho menos difundido). Otra razón es que se crearon las oficinas de reclamos en algunos hospitales e incluso se habilitó un ente que disponía de un número telefónico para dejarlos asentados y a partir de ese momento iniciar gestiones para resolver cada situación. Otro elemento a tener en cuanta es el acceso cada vez más sencillo de las personas a fuente de información de las que no discutiremos su validez, hace que en cierto modo haya una disponibilidad de argumentos que le proporcionan al paciente o al familiar una seguridad que antes no tenía.  Por último, el papel de los medios de comunicación no puede ni debe ser desdeñado, sobre todo si se tiene en cuenta que de un tiempo a esta parte, la canalización de las quejas o reclamos a través de diarios y de la radio o la televisión es una práctica cada vez más habitual y es probable que ello ocurra porque conviene a ciertos intereses que es mejor no analizar en estos momentos. Sólo decir que hay épocas de profundo silencio en lo que se refiere a la disconformidad de la gente con el sistema de salud pública y períodos en los que llueven las denuncias, las quejas y los reclamos. Llama la atención este comportamiento que podría parecer a primera vista errático, teniendo en cuenta que en la salud pública las cosas no cambian (ni parece que vayan a cambiar). Los archipiélagos de ineficiencia y desaprensión existen, pero parece que de pronto se vuelven más irritantes o hieren diferentes sensibilidades, dependiendo de vaya uno a saber qué factores que hacen que esa ira y esa disconformidad salgan a la luz en forma de ráfagas con períodos de silencio alternando entre una y otra. Relacionar este comportamiento con vaivenes políticos o vecindad con eventos electorales es muy tentador, pero inútil porque esta es una de las realidades que nadie con poder de decisión para cambiar tiene interés en hacerlo. En el amor, en la guerra y en la vecindad de actos eleccionarios todo vale.  Finalmente y volviendo a la noticia que dispara este texto, otra cosa que llama la atención es la cantidad y calidad de los comentarios que siguen a la nota. Todos con un alto tono de resentimiento e imputando vagancia y desinterés en los trabajadores de la salud a los que se pone en la misma bolsa y se propone despedir como medida ejemplificadora. Este tipo de respuesta es un síntoma que para muchos podrá ser menor, pero si uno se precia de ser un clínico avezado, sería bueno considerarla como un indicio diagnóstico que debe hacer pensar en una situación que a todas luces es grave aunque muchas voces, en especial desde el gobierno, se empeñen en convencer de lo contrario a los que notamos que eso ocurre, minimizando lo evidente y tapando la realidad con sentencias tales como ‘todos sabemos cómo es la gente’ o ‘no se puede tener contento a todo el mundo’, ‘estas son operaciones políticas’ o ‘hay otras intencionalidades en estas denuncias que lo único que hacen es socavar el sistema de salud’ (alguna o algunas son conocidas, ¿cierto?).

Meta nomás. Sigamos subestimando los ‘síntomas menores’ y así nos va a ir. Se los garantizo. Vamos a volcar mal en la próxima curva. No deberíamos perder de vista que hay mucha bronca en el ambiente. La violencia está en todas partes y cada vez necesita de menos estímulo para dispararse, al mismo tiempo que y se notan cada vez más muestras de que se ha perdido el interés por mantener la calma, el equilibrio y la cordura. Sería hora de ponernos a trabajar en serio y justificar con nuestro trabajo diario cada peso que se nos paga del único modo que cabe: Cambiando las actitudes. Dejemos de lado el desinterés y busquemos la motivación que los falta para hacer lo mejor posible lo que se supone que sabemos hacer, desterrando el mal trato y comenzando a practicar la empatía, extirpando la ignorancia mientras nos dedicamos con toda la energía a sembrar el conocimiento como único recurso para conseguir la excelencia que tanto pregonamos como aspiración (de la boca para afuera). De eso se trata básicamente.

Ese es el modo porque si seguimos por este camino de dejadez, chatura (prima hermana de la impericia), inercia, desaprensión (hermana gemela de la negligencia), soberbia (pariente cercana de la imprudencia), ceguera y nos mantenemos cómodos con esa amnesia selectiva que nos hace olvidar nuestra misión, visión y valores. Si seguimos privilegiando al ‘vivo’ que se escapa del hospital por las puertas laterales, exige dos de lo que sea para llevarse uno al consultorio y ‘hacer la diferencia’, llena al paciente de pedidos de estudios como un modo de sacárselo de encima y aprende a prescribir de los visitadores médicos, mientras muy sutilmente (cada vez menos sutilmente) le comenta al paciente con obra social que ‘en este hospital falta de todo’ y que ‘sería mejor operarlo en la clínica’. Si seguimos tolerando la institución del ‘desayuno enfermeril’ cuando, como decía mi mamá, deberían venir a trabajar ‘comidos’ y tiramos por la ventana horas y horas que nadie reconoce como ociosas, sino como ‘derecho adquirido’ y que por ello son intocables. Si seguimos mirando para otro lado cuando profesionales de la salud escriben en sumerio para que nadie entienda lo que dicen, tratan de distinto modo al paciente de hospital que al de prepaga (con deferencia intermedia para los de obra social). Si continuamos en la senda de dar el aval para que en las instituciones de salud pública se armen todos los días kioscos muy redituables, gracias a la poca capacidad (o indiferencia) de nuestros auditores médicos para detectar las irregularidades, a lo que se suma el escaso volumen testicular (o el interés creado) de los directores de los centros asistenciales que por miedo o por conveniencia no cierran los bolichitos y más aún, los fomentan. Si permanecemos callados los que pensamos que si bien no se puede cambiar la realidad, por lo menos se la puede mejorar haciéndola menos sucia y menos corrupta. Si tiramos al tacho de basura ciertos preceptos que nos deberían guiar en nuestra vida profesional diaria, como podrían ser por ejemplo, digo yo, el Juramento Hipocrático, los 10 Mandamientos (o su equivalente en otras doctrinas religiosas) o la misma Constitución Nacional (no pido que nos aprendamos los códigos de Etica porque sería demasiado). Si, en definitiva, seguimos confundiendo a hombres grandes que deben hacerse cargo de sus tropelías con simpáticos ‘muchachos traviesos con’ y persistimos en la costumbre de llamar compañerismo a la complicidad o a la connivencia. Si  ponemos el foco de nuestro trabajo diario en la defensa de los que lo deprecian y no en procura del bienestar de los pacientes, no digo que estamos en el horno, sostengo que nos acaban de sacar del él y bien quemados, por cierto. Achicharrados e irreconocibles.

Que así no sea. Abramos los ojos que nos tienen rodeados y en cualquier momento nos apedrean el rancho.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s