Home

Hay momentos en los que la capacidad de asombro rebasa los límites y se derrama, deslizándose por los costados del vaso de la conciencia como si fuera espuma desbocada de una cerveza servida sin cuidado. Uno, presa de la perplejidad, no atina a otra cosa que a mirar esa procesión de burbujas diminutas que cuando llegan a la mesa, estallan una por una hasta que la magia efervescente se reduce a un pequeño charco dorado sin gloria ni encanto. Cuando pasan ciertas cosas, nos atrapa con garras firmes una especie de estado de embotamiento, casi como un sueño superficial que no necesita de ojos cerrados, donde una de nuestras mitades no es capaz de creer lo que sucede aunque lo vea y la otra mitad no alcanza a creer lo que ve aunque sepa que está sucediendo justo enfrente de sus ojos.

Estamos tristemente acostumbrados al bombardeo permanente de noticias de todo tipo y procedentes de sitios que ni siquiera sabíamos que existían. Recibimos crónicas de muerte, desgracia, desastres naturales, crimen, corrupción, guerras, estafas, rebeliones y matanzas. Cada una de estas calamidades acompañada de muy buenos argumentos que llegan casi a justificarlas en algunos casos y nos hacen creer, al menos por un momento que estas cosas que pasan tiene sentido o una razón de ser, lo que las hace más aceptables. Una vez que algunos nos damos cuenta que estábamos a punto de caer en la trampa de la racionalización, frenamos oponiéndonos a la inercia y a la fuerza de la corriente que pretende que todos los que flotamos en el cauce vayamos a la misma velocidad y sin hacer demasiadas preguntas. Nos detenemos a reflexionar y sólo en ese momento de lucidez que puede ser tan fugaz como un destello, nos damos cuenta que hay cosas que no sólo carecen de explicación y no deberían ni siquiera concebirse, sino que el perdón a los responsables de que sucedan debería reservarse a entes superiores, a quien o quienes se supone que han asumido en el punto inicial de la historia del universo la dura tarea de crearnos.

Madres que matan a sus hijos y medios que instalan en la opinión de la gente que ese asesinato tuvo como objetivo único la venganza hacia el padre de ese niño que no sólo abandonó esta tierra demasiado pronto, sino que lo hizo a manos de quien confiaba por encima de todas las personas. Nadie espera morir a manos de sus padres y si eso sucede, no hay razón que lo explique, al menos fuera del mal como mal en sí mismo o de la patología, no como expresión demoníaca, sino como desorden de la personalidad que impacta en la conducta y la desquicia hasta tal punto que no a salvo queda rincón alguno de esa alma que ha perdido seguramente hasta la capacidad de sentir remordimientos.

Adultos que abusan de niños. La fuerza física y el poder que lejos de seducir, intimidan y reducen a la víctima a un remedo de marioneta que dependerá de la tensión de los hilos para moverse. Liviana de tan vaciada de afectos e incubando en lo que conserva de alma un germen de odio que va a crecer sin pausa hasta que llegará un momento en que habrá que elegir entre ser un monstruo o morir junto con él sin en esta segunda opción sea imprescindible dejar de latir o de respirar porque la muerte después de una historia de infierno precoz y permanente, marca hasta tal punto que se lleva puesta y se arrastra igual que una sombra cuando cae la tarde, sin reparar en ella por más que sea inseparable del cuerpo que la gesta. Cuando un niño es arrasado hasta el punto en que ya no duelen las heridas y sometido hasta pasar los límites de la humillación, las marcas son indelebles y uno es incapaz de limpiarlas, a la vez que resulta imposible apartarlas de la vista.

Es el mal personificado el que actúa a través de estas bestias que no conocen ni afecto ni límites y que han desarrollado el placer a partir del daño al otro y no saben disfrutar de otro modo que lastimando. Es el mal y no una construcción patológica que lo único que logra es aproximarles una justificación que los libre de ser considerados de aquí en más como seres aberrantes que merecen ser castigados aunque lo que hicieron y más aún, lo que son capaces de hacer, no tenga modo de ser pagado, ni siquiera con la muerte que para estos monstruos llega a ser y ellos lo reconocen a viva voz, un premio.

La maldad camina por nuestras calles, toma café en los mismos lugares a los que vamos nosotros a buscar un remanso y algunos minutos de charla que les debíamos a nuestros amigos. La maldad come en esos sitios que elegimos para compartir un momento diferente. Lo hace adherida a la piel y clavada en las entrañas de los malos que se esconden muchas veces detrás de una apariencia normal, seductora, calidad y confiable. Los malos acechan como lobos silenciosos que no se permiten aullidos que alertarían a la presa y harían menos efectiva la cacería porque la víctima tendría tiempo de armarse y de oponer resistencia. Si bueno es aquel que toma riesgo y hace lo que debe para beneficiar al otro, malo es el que toma la conducta opuesta y si existe uno, por definición existe el otro y así como todos los buenos no son sanos, no todos los malos son enfermos. De hecho, hay más malos en el primer grupo que en el segundo y por eso es que deberíamos dejar de caminar con tanta soltura por la vía rápida de la racionalización de las conductas, de la justificación de los actos y de la atenuación del daño que generan en honor a una supuesta enfermedad y a esa conducta la tomamos de manera indiscriminada, le habremos liberado hectáreas y hectáreas de tierra fértil al mal y a los malos que lo único que deberán hacer en adelante es cosechar lo que nosotros nos tomamos el trabajo de sembrar para ellos. Separar el malo del enfermo es complicado, pero no imposible y vaya si vale la pena el esfuerzo aunque más no sea para que no nos sorprendan con la guardia baja y sin escapatoria.

Anuncios

2 pensamientos en “Malos

  1. muy bueno, me gusto la comparacion con la cerveza y el broche de oro de la foto del joker, un abrazo grande.

  2. Muy bueno, me gusto la comparación con la cerveza y los desastres cotidianos de nuestra vida y el final a esa descripción del caos con esa foto del autor del caos. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s