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Nuestra nación pródiga en comportamientos absurdos que son evidentes en todos los niveles, de donde se cae de maduro que el viejo adagio ‘del ridículo no se vuelve’ no ha hecho carne en la mayoría de los habitantes de este suelo. Desde las más altas esferas del gobierno, hasta el más anónimo de los ciudadanos. En todos los estratos pasan cosas que no se pueden entender. Más aún, pretender hacerlo es un trabajo insalubre e infructuoso y vaya como ejemplo así, al pasar, el tratamiento que se le da a las drogas. Conspicuos funcionarios e incluso algunos expertos en el tema (déjese sentado que los primeros no pertenecen al segundo grupo) parecen ponerse de acuerdo en demonizar las ‘drogas ilícitas’ como flagelo apocalíptico y vía rápida hacia la extinción de la especie, mientras el alcohol y el tabaco ¿’drogas lícitas’? (por oposición, digo) van deteriorando sin pausa a buena parte de la población hasta que la muerte define la historia de cada uno sin excepciones. Por varios que abandonan antes el planeta por el alcohol y/o el cigarrillo, habrá uno que deberá su defunción prematura a la cocaína u otra sustancia un tanto más pesada. Esto debería mover a cierta reflexión, en tanto que la ley debería ser inflexible con un traficante de drogas, pero con todos los traficantes, con los de marihuana, cocaína, pastillas con drogas de diseño, tabaco y alcohol porque si bien el dueño del kiosko de la esquina es más simpático y querible que un sórdido personaje que se oculta bajo una gorra y una capucha para vender sus dosis, no menos cierto es que ambos lucran con sustancias que hacen daño y enferman.

Interesante punto el de la enfermedad. Tan interesante como considerar que un alcohólico que conduce ebrio debe ser comprendido porque ‘está enfermo’. Interesante y discutible porque yo como médico jamás pondría en tela de juicio que el alcoholismo es una enfermedad, pero también tengo absolutamente claro que jamás en más de veinticinco años de práctica he visto un portador de varicela ir a frotarle la piel a una persona sana, nunca asistí a un ataque intencional de tos de un tuberculoso dentro de un espacio cerrado y lleno de gente con las defensas bajas, ni sé de pacientes VIH positivos que se dedican a impregnar de sangre o secreciones genitales a sus congéneres. La propagación intencional (aunque la intención sea parcial y no evidente) de una enfermedad o la expansión del daño que causa sólo puede entenderse por la coexistencia de algún tipo de patología psiquiátrica o social y este justamente es el punto. No es lo mismo un enfermo que un sociópata porque se me ocurre pensar que en el segundo caso, cualquier objeto será adecuado como para ser utilizado como arma por una persona de estas características. En este caso, el de un sociópata y lo vemos a diario, un vehículo es un arma letal porque justamente en este aspecto, hay desaprensión en quienes …

… transportan a sus niños en un vehículo sin protección contra choques cuando el vehículo dispone de ellas y son probadamente efectivas.

… circulan en moto de a tres o cuatro sin casco, muchas veces en contramano y haciendo gala de un Daltonismo conveniente porque no reconocen la diferencia entre el rojo y el verde de un semáforo

… están convencidos de que son los únicos a los que el alcohol no les afecta ni la coordinación, ni los reflejos, ni las funciones intelectuales superiores que diferencian al humano de los animales inferiores porque les da a los primeros la noción o representación de riesgo

… transitan en vehículos que ni siquiera son aptos para ser desarmados y reutilizados como autopartes

… creen que a cualquier velocidad se puede frenar a tiempo

No sólo el que toma un volante o un manubrio cuando no está en condiciones de hacerlo y en ocasiones con esa decisión causa daño o muerte a sus semejantes, sino también matan de algún modo los que opinan que el otorgamiento de una licencia de conducir es sólo un trámite administrativo y en este punto incluyo a los médicos y me gustaría que alguno de ellos desmienta haber firmado un certificado de favor en este contexto, incluso a nombre de alguien que ni siquiera conoce

No creo que nadie en su sano juicio tenga la intención expresa de salir a matar o a matarse con un vehículo y me resisto a pensar que las calles estén llenas de psicópatas sociales, pero el comportamiento de buena parte de la sociedad y de sus gobernantes me hacen dudar de mis convicciones, más aún porque se nos sigue muriendo gente de algo que sabemos cómo diagnosticar, cómo prevenir y cómo tratar. No se entiende la inacción porque no es lógico renunciar a la lucha contra un enemigo del que se conocen tantos datos, se sabe cómo se mueve, dónde ataca, quiénes son los más vulnerables a su capacidad de hacer daño, cómo se puede disminuir ese daño. Es como si a la fatídica pregunta: ¿A quién le conviene que los incidentes de tránsito disminuyan e incluso desaparezcan? No tuviera una respuesta clara aunque es evidente que sí la tiene. A las familias que pueden perder un ser querido y al que conduciendo tiene el riesgo de causar heridas o la muerte a un semejante y los que están expuestos a ser víctimas directas de uno de estos incidentes, vaya si les conviene que no ocurran. Eso está claro

Sigamos matando mosquitos y descacharrando que está bueno porque el dengue no es broma, sigamos vacunando porque las enfermedades inmunoprevenibles sin control se nos llevan muchos niños, sigamos pregonando los males del tabaco, el alcohol, el juego compulsivo y las drogas ilícitas porque de ese modo iremos manteniendo a raya muchos de los males que nos aquejan. Sigamos peleando contra la exclusión que obstaculiza el acceso de mucha gente a las necesidades básicas y las mantiene insatisfecha porque si mantenemos esta pelea, seguramente habrá menos pobre tan pobres y menos ricos tan ricos (las dos situaciones son igual de repugnantes). Maravilloso. Sigamos con todo eso y con mucho más si se quiere. Repartamos Laptop a todos los estudiantes secundarios, les demos una mano (unos mangos en realidad) a los que peor la pasan en esta etapa de la historia y hagamos de cuenta por unos cientos de pesos por mes pueden excluirse de la lista de desocupados, así el gobierno descansa tranquilo y su conciencia, si es que por ventura la tiene, está en paz. Hagamos todo esto, pero no perdamos de vista que mientras inauguramos obras, anunciamos inversiones, proclamamos a los cuatro vientos que somos un país con buena gente, al mismo tiempo que estas cosas suceden y que la corrupción sigue haciendo de las suyas por los pasillos y las oficinas en las que se decide hacia dónde vamos, al mismo tiempo en las calles de las ciudades, en las rutas y en las vías de los trenes se va muriendo gente que no debería morirse, los asesinos siguen sueltos, lo mismo que cada uno de nosotros que de alguna manera permitimos que eso suceda, ya que como se dijo,  en un incidente, alguien tiene la culpa o en el mejor de los casos la responsabilidad (porque no quiso hacer daño) porque o hizo lo que no debía o dejó de hacer lo que debía.

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