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El blog cumple un año. Es increíble la cantidad de cosas que caben en un año. Uno, salvo que lo piense pasado el tiempo, no se hace la idea de la variación infinita de sensaciones y estados de ánimo que van desde la más profunda tristeza hasta la alegría casi extática y que se suceden como imágenes vertiginosas en un video-clip a toda velocidad porque visto en perspectiva y analizando las huellas que nos deja, un año es en cierto modo una secuencia ininterrumpida de segmentos que forman la recta, esa especie de cuerda más o menos tensa, por la que el tiempo intenta caminar haciendo equilibrio. Esos segmentos que son los ladrillos de nuestra historia, a veces toman forma y se hacen imágenes que incluso llegan a corporizarse o se revelan como sensaciones, percepciones, sueños o ilusiones de realidad y en este punto se llega a esta duda porque en definitiva no es posible saber cuánto de real tienen los sueños y cuánto de sueño tiene lo que por algún motivo suponemos que es real. Ni siquiera tenemos noción si los sueños y la realidad se rigen por reglas diferentes o funcionan bajo las mismas leyes. En un año hay proyectos personales que se materializan y otros que se desvanecen, en ocasiones al mismo tiempo, a veces con tanta velocidad que ni se disfruta plenamente lo primero, ni se elabora el duelo por lo segundo. Ese pendular entre lo que nace y lo que muere, lo que es y lo que fue, no es nada más que un recordatorio para que tengamos presente nuestra fugacidad y nunca olvidemos que detrás de ese estallido de luz que nos hace plenos puede venir galopando el jinete cruel que nos propine un hachazo de tristeza apenas se disipa el brillo y las últimas chispas van camino al suelo para quedarse ahí, quietas. Hoy en la cima y mañana tal vez rodando por la ladera mientras buscamos con desesperación algo para aferrarnos y frenar la caída lo más pronto posible y a partir de ese punto de estabilidad precaria, escalar de nuevo la montaña, con el empecinamiento del que no pierde la fe, a la vez que sabe que no hay otra opción que ponerse de pie y seguir camino. La supervivencia y el crecimiento no sólo son pasan por la fe, sino que necesitan una alta dosis de inteligencia y sensatez. En un año caben tragedias tecnológicas. Uno puede encontrarse frente a la pantalla y enterarse por ella que diez años de escribir, recopilar, ordenar y leer para clasificar se han disuelto en la nada. Sentir un vacío absoluto con ecos adentro y percibirse como un inmenso ambiente absolutamente despojado, en el que ni la luz ni las sombras pierden el tiempo deteniéndose porque no hay nada dentro que valga la pena iluminar u ocultar. Lo viví y todavía camino sobre algunas de sus huellas, peses a que me dijeron que no era cierto lo del vacío por que la potencia creativa estaba y lo único que se había perdido era lo hecho. Lo que había por hacer estaba intacto, esperando salir a la superficie. Eso me dijeron y hoy agradezco a aquellos que entendieron que percibí lo que me pasó como una especie de anticipo brutal de la muerte, sin que eso signifique dramatizar o darle un tinte ominoso a lo que en definitiva y siendo objetivos no pasó de ser un incidente informático para la historia general del mundo, de la que somos una parte insignificante. Cuando perdí esa enorme cantidad de trabajo, mucho del cual esperaba ir volcando en el blog, me sentí paralizado y a la vez a la deriva, como si fuera un barrilete al que alguien, con maldad, le cortó el hilo para dejarlo a merced de los vientos y disfrutar de ese frágil juguete de papel haciendo patéticas cabriolas, fuera de las reglas del equilibrio. Fue muy duro. Fue la oscuridad que debe sentir aquel que despierta ciego y sin tiempo a habituarse, no sabe cómo encontrar los puntos de referencia, pero de a poco se van despejando las sombras y detrás de lo que parecía un frente de tormenta, aparece un indicio de luz que vale por un millón de soles, no por su intensidad que es apenas perceptible, sino por el momento en que aparece. En un año cabe la visión cotidiana del deterioro y la caída final, probablemente definitiva, de un proyecto laboral (que siempre tiene algo de proyecto de vida) que se inició allá en 2001, año muy complicado para nuestra patria y lleno de desafíos para un grupo de soñadores que pensaron que hacer historia era un buen modo de aprovechar el tiempo, a la vez que se ascendía un escalón en el camino de la trascendencia. Desde el momento en que abrimos nuestro Hospital, transitamos un camino difícil, hubo demasiados torpedos lanzados para dar debajo de la línea de flotación, muchos más de los que cualquier barco, por bien hecho que esté, es capaz de soportar sin hundirse. Tuvieron que esperar un tiempo largo, pero en 2010 se logró el objetivo. Por responsabilidades propias y ajenas, por intereses internos y externos, ilegítimos (o por lo menos artificiales) sin excepción, pudieron con un sueño y lo dejaron (seguramente con algo de complicidad involuntaria nuestra), convertido en un esqueleto, una caja vacía, un envoltorio de regalo tirado en el piso, donde ya no significa prácticamente nada. Por muchas razones terminaron de descabezar algo que prometía marcar un hito en la historia de la salud pública no sólo de la provincia, sino del país. Somos un hospital público más y los que creímos que nuestro destino era más importante que ese, fracasamos tanto en mantener el proyecto, como en medir la talla del enemigo y sobre todo en no hacernos la pregunta clave todos los días: ¿A quién conviene que este hospital con el modelo de gestión con el que fue concebido, funcione? Si sólo le conviene a la gente que va a asistirse en él, estamos en el horno mal, de una, como dicen los jóvenes y no tan jóvenes hoy y después de la transformación del hospital, se corona la epopeya con la aparición reciente de miembros de la especie sanitaria que el mundo pensó extinguidos a fines de los ’80 y que llegan a plena potencia para cambiar el escenario. Too much, man. Un exceso de reciclado de funcionarios que como todo elemento que se recicla, se va desnaturalizando y termina perdiendo no sólo su esencia, sino también su materia. En un año caben horas y horas de trabajo para decirles a través de cada una de las entradas, las cosas que necesité decir. A veces las palabras salieron nítidas, directas y contundentes, sin rodeos ni maquillaje. Otras veces no sabía cómo llegar al punto en línea recta y me internaba en la sinuosidad de las metáforas y de una que otra parábola. No por talentoso, estimo, sino porque me llenaba de palabras, sin tener muy claro qué hacer con ellas. Intenté moldearlas, amigar a algunas que tenían diferencias irreconciliables. A veces creo que lo logré, pero la mayoría de las veces me quedé en el camino entre la belleza de un trozo de poesía y la pirotecnia inútil de palabras que no dicen nada aunque a primera vista suenen hermosas. En un año caben afectos que marcan y que a la luz de las cosas que fueron pasando, significaron la diferencia entre la posibilidad de volar y la decadencia en el fondo de algún abismo perdido, donde sólo habita la desesperanza y la miseria de creer que uno y sólo uno es el que sufre, cosa que nunca es cierta. En un año caben ustedes, los que sostuvieron cada vez que se detenían a leer, a este artesano de las palabras que trata de dejarles en el alma unas cuantas gotas de su mejor parte y son ustedes los que con el blog cumplen un año y sin su visita, sus comentarios dentro o fuera de la página, nada de lo que costó y cuesta tanto trabajo sería posible porque serían palabras al aire y en el aire las palabras mueren irremediablemente de inanición, desde el momento en que nadie es capaz de pronunciarlas. Ya dije en alguna entrada antigua que los que escribimos somos gracias a los que leen, del mismo modo que les transmito a los jóvenes médicos que vienen a formarse con nosotros que los médicos somos porque del otro lado hay alguien en una situación de vulnerabilidad que ha decidido confiarnos una parte muy importante de su futuro. Mi blog que es también el blog de ustedes porque ustedes lo transitan, lo enriquecen y lo hacen crecer, les dice desde lo más profundo gracias por estar ahí, donde este tipo que escribe no los ve, pero alcanza a percibirlos o a intuirlos que vendría a ser más o menos lo mismo. Gracias por seguir pensando que el trabajo que pongo aquí vale la pena, como vale la pena y vaya si la vale, este abrazo del alma que les mando a todos y cada uno de ustedes con la esperanza de que día a día, post a post, entrega a entrega, buena, regular o mala, sigan siendo parte de esto que empezó como una aventura y un año después veo como una de las razones por las que seguir adelante tiene sentido y este viejo luchador va a seguir adelante, pese a que de tanto en tanto el camino se pone desapacible y aparecen las ganas de detenerse a descansar y dejar que sean otros los que se desgasten en sueños imposibles. Cuando eso pasa, suelo levantar la mirada al horizonte, decretar que no hay sueños imposibles (lo que es imposible es la realidad) y de nuevo emprendo la marcha porque las veinticuatro horas que tengo por delante no admiten el pecado mortal de desperdiciarlas perdiendo el tiempo en cobardías, pequeñeces, egoísmos y miserias. En definitiva, he tomado la decisión de ser y por eso escribo y porque escribo, soy. Gracias especialmente a Hugo Tula que me animó a iniciar esto, se ocupó de armar el primer esqueleto y me enseñó a ir aprovechándolo. Gracias y todos los días de este 2012, los voy a estar esperando del otro lado, como hago desde el 5 de enero de 2011.

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3 pensamientos en “Cumpleaños

  1. Hola Guillermo de felicito por el cumple 1 año de tu blog. En él pones tu alma, tu estilo , tu sin pelos en la lengua y sobre todo no te olvides que sos un gran creador y movilizador. Saludos

  2. Guillermo: Entre las cosas a destacar de este 2012, que desparrama emociones, destaco el brindis con mi compañeros de la especialidad y conversar contigo en Yala; y lo celebro!
    El Médico,el Escritor, tienen mas cosas, que lo que parece a simple vista. Una rofesión como la muestra, con matríz de método científico, solo puede realizarse si quien la practica desarrolla en forma concomitante el Arte de curar. Lo mismo sucede con el “Aretesano de palabras” que pone hilos de fonemas en un mismo telar hasta darle vida , color y sentido a su obra. De todas las definiciones, me quedo con esa, tu autopercepción de artesano, oficio que se realiza con vocación, y en el que se pone todo de sí. Un verdadero placer haberte conocido en persona y seguir disfrutando de tus escritos. Muy buen material. Feliz cumple Balero de Médico, y por muchos muchos mas…!!!! Lauri

    • Laura: Los que estamos a veces de este lado del teclado de lo que sea que usemos para escribir, necesitamos que nos lean y que sientan que lo que hacemos puede ser esa gota que según la Madre Teresa de Calcuta cambia el océano. Tratamos de enseñar para aprender, buscamos emocionar para emocionarnos y tenemos la meta de llegar a ustedes para que el algún momento ustedes vengan a nosotros. Gracias por tres cosas. Por considerar placentera una charla conmigo, por decirlo y por demostrar que has entendido el mensaje. Guillermo

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