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                Están de paro los médicos, vuelva mañana y si no, vaya por la guardia que ahí están atendiendo las urgencias. El que sigue. A ver movete mamita que no tengo toda la mañana. Ya te dije lo que tenías que hacer y no me mirés con esa cara porque yo no tengo la culpa de que los médicos hagan paro. Andá si querés y quejate con ellos. El que sigue ¿Te podés correr de una vez y dejar paso o llamo al guardia para que te saque?

                Cuarenta días. Hace cuarenta días que me dieron turno para hoy. Mire aquí en el  papelito dice consultorio once, Doctor Agûello. Once ¿ve? Ginecología y aquí está mi número de documento. Yo no soy de esas que protestan por cualquier cosa, pero la verdad es que me costó mucho venir al hospital. No tenía con quién dejar los chicos y si no fuera por una vecina que es muy buena, me los hubiera tenido que traer por lo menos a los dos más chicos porque todavía son de pañales.

                El Director de Atención a las Personas del Hospital miraba con curiosidad cómo el segundero rojo del reloj de escritorio, gentileza de laboratorios MERCK®, daba la vuelta completa al cuadrante siempre en el mismo tiempo. Satisfecho con semejante hallazgo, se dedicó a buscar en ese cofre de tesoros por descubrir que era su oficina qué cosa sorprendente había y qué secretos por desentrañar podían esconderse detrás de los objetos más insignificantes. Ya había tenido la oportunidad en alguna entrevista previa con gente que se quejaba por la mala atención del hospital, de darse cuenta por ejemplo que todos los alfileres tenían el mismo largo y que un extremo era más agresivo que el otro. Mientras daba rienda suelta a su creatividad y conseguía que el vuelo intelectual rozara las capas superiores de la atmósfera para entrar en calor, asentía rítmicamente con la cabeza peinada al extremo de parecer una escultura y miraba con la parte de los ojos destinada a tales fines, a la señora que tenía enfrente que entre lágrimas y manos que se frotaban permanentemente, desgranaba una historia desgarradora que hubiera conmovido a cualquiera dispuesto a escucharla.   

                Para ustedes es fácil porque se suben al auto y van de aquí para allá en dos segundos, pero nosotros tenemos que tomar dos colectivos para llegar al hospital a tiempo. Hoy yo salí de mi casa a las seis y media para estar a las ocho y cuarto como me pidieron y estuve a las ocho y cuarto y me dicen que no me van a atender. Voy a la guardia y me contestan que lo mío no es urgente y que vuelva mañana como si para mí volver mañana fuera tan sencillo. Mañana tengo que trabajar desde las siete y media y si no trabajo no me pagan el día, los chicos no comen y mi marido se las agarra conmigo porque está en la misma que yo. Un día sale uno y el otro día otro porque tanto trabajo no hay y para limpiar se consigue más desde que en la construcción empezaron a jorobar con eso de que había que poner a los empleados en blanco y así nadie toma. Mañana. Mañana no voy a tener para los dos colectivos ¿Me entiende doctor?  

                Nuestro sistema, señora, no nos permite cargar turnos si no es por teléfono. Tiene que marcar el 0-800 del hospital y la va a atender una operadora que le va a signar un turno en una de las agendas de Ginecología lo más pronto posible. No creo que sea más allá de mañana, pero igual le conviene llamar porque si la asamblea decide continuar con las medidas de fuerza, los médicos no van a atender mañana tampoco, pero por lo que veo en su historia clínica lo suyo no es tan grave, así que es cuestión de un poquito de paciencia y se le va a solucionar el problema y la mente se le iba junto con la atención y los ojos hacia horizontes de aventura que lo esperaban en algún rincón de la oficina, al mismo tiempo que empujaba con suave firmeza a la señora y llenándola de saludos automáticos la ponía en su lugar. Es decir, afuera.

                Mañana y tengo que llamar igual para confirmar el turno y encima el tipo este me dice que lo mío no es tan grave. Caminá vos, copetudo de gomina, caminá vos cinco kilómetros en subida con pérdidas y sin saber si es un embarazo o no. Caminá vos, ocioso porque la vez pasada en este mismo hospital, hará dos años me dijeron gorda tenés dos centímetros de dilatación, andate a tu casa y volvé mañana por consultorio o que te vean en el centro de salud antes de que te largues hasta acá. Decí que salís del hospital y encontrás gente como la gente porque cuando a medio camino me doblé de dolor, un señor me trajo en el taxi y lo tuve al bebé en la guardia, gracias a Dios sanito. El parto me lo hizo el mismo que me dijo que tenía dos centímetros, pero nosotros no elegimos. Lo que toca, toca y si no te gusta, andá y hacete atender en otro lado o volvé mañana.      

¿No será injusto que los que tienen que volver mañana son los que viven de este lado de la foto?

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