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Miró hacia adentro aunque sabía lo que iba a pasar. Igual, por alguna razón que ni él comprendía, aguzó la vista para penetrar las tinieblas sólidas que se corporizaban en una ausencia total de recuerdos y de imágenes. La memoria disuelta en un hueco negro sin puntos de referencia. Nada. Ni ecos, ni sonidos rezagados de alguna voz reciente, ni formas aunque fuesen incompletas, pero suficientes para construir un sitio de comienzo. No había ancla posible y se sintió a la deriva y arrastrado hacia el centro de un remolino imaginario que a medida que aumentaba su velocidad de vértigo, se hacía más real.

Miró hacia arriba y ahí estaba la cúpula negra con las estrellas ausentes o intentando otras galaxias más amables, donde el curso de la historia seguía vigente. Sentía que el techo del universo se curvaba hacia abajo en una parábola impensada que se burlaba de todas las leyes físicas y en esa figura alucinante se acercaba a él y lo presionaba como una gran mano metálica y helada que lo hundía más aún en el torbellino y le despojaba la esperanza a fuerza de oscuridad sin retorno. En un extremo latía la nada y la oscuridad esperaba del otro lado, en el fondo de esa violenta trampa circular que se tragaba todo a su paso y anulaba de raíz todo intento de regreso a un punto seguro de la historia.

Estaba como dentro del pozo final y a un solo paso de entrar en el abismo o a mil o a un millón de pasos. No lo sabía con certeza porque en medio de tanta sombra, no había modo de rescatar el tiempo o el espacio para que se refugiara la ilusión de volver a ser de nuevo ése que era antes del simulacro de muerte. No había luz y esa cruel confabulación de las tinieblas hacía inútiles los espejos, sin ellos no tenían sentido las imágenes, sin formas y contornos no había manera de ensamblar un esqueleto de memoria y entonces la verdad había seguido el mismo torrente suicida.

Todo era desconocido y sin indicios, límites o confines que daban la sensación de un universo redondo e infinito. Los ojos se movían como alienados buscando al menos una chispa, un pedacito de luz para ayudar a despertar la memoria de las cosas. Cargar de alguna forma el tiempo viejo y empezar a disparar recuerdos. Alguno daría en el centro y en un estallido infernal de cristales negros se descorrería el velo de la nada y detrás estarían, intactos, los ladrillos extraviados del muro sólido de la memoria, esperando al constructor, pacientes y aliviados.

Exactamente esta es la sensación cuando uno se da cuenta que ha perdido 15 años de trabajo y que muy complicado que los recupere

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2 pensamientos en “Negro

  1. Guillermo: La riqueza y solidez intelectual, la incomparable capacidad docente que tenés, la música y la imaginación corre por tus entrañas !!! de todas maneras te acompaño en este duelo
    Saludos Olivia

  2. Se ha perdido aquello que has escrito o elaborado durante 15 años, pero no se perdió tu trabajo que ha llegado mucho más allá de lo que guardaste en una computadora. Tu trabajo ha quedado en tus alumnos, a los que les ofreciste tus clases y tus conocimientos; ha quedado en tus compañeros de trabajo con quienes compartiste protocolos y casos clínicos, ha quedado en mí porque lo que sé de gestión y de cuestiones médicas lo aprendí esencialmente de vos; pero sobre todas las cosas quedó dentro tuyo y te ha permitido ser hoy lo que sos como profesional y como persona. Te amo.

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